
Kalshi y Polymarket empezaron a listar contratos sobre resultados de ensayos clínicos y sobre aprobaciones de la FDA. Esta semana un reportaje de NPR recogió la reacción del sector médico, donde investigadores y familiares de pacientes describen el producto como una apuesta a que un medicamento experimental fracase. El debate ético es el que ocupa a la prensa estadounidense. Para los mercados de predicción, el problema es más específico.
Toda la defensa regulatoria de Kalshi cabe en una frase. Es un exchange supervisado por la CFTC cuyo producto es información, no juego. Ese argumento arrastra una condición que hasta ahora nadie había puesto a prueba, porque un mercado solo produce información si no altera aquello que mide.
El diseño del piloto muestra que Kalshi entiende dónde está el riesgo. Arrancó el 16 de julio junto a AppliedXL, empresa de inteligencia de datos farmacéuticos, con restricciones que ningún otro producto de la plataforma tiene. Solo ensayos en fase tardía. Solo después de cerrado el reclutamiento, para que el precio del contrato no influya en la derivación de pacientes. Verificación de empleo obligatoria para operar.
La resolución también quedó blindada. AppliedXL fija cuál documento público determina el resultado antes de que el contrato abra, sea el endpoint primario registrado en ClinicalTrials.gov, la carta de aprobación de la FDA o el acta del comité asesor. Kalshi compró un oráculo determinista en lugar de uno votado, que es la falla detrás de varias resoluciones de Polymarket decididas por peso de votación.
El argumento comercial descansa en dos cifras. McKinsey estima en unos 2.300 millones de dólares el costo promedio de llevar un medicamento al mercado. Según datos de la FDA de abril de 2026 que cita el propio Kalshi, cerca del 30% de los ensayos obligados a publicar resultados no había publicado ninguno. El vacío de información existe.
Ninguna de esas salvaguardas toca el problema que señalan los investigadores. David Tsai, que dirige ensayos clínicos en una biotecnológica del Área de la Bahía, lo describió con un ejemplo concreto, ya que un farmacéutico con posición abierta puede ajustar la velocidad de infusión o la temperatura de conservación del medicamento. Nicholas Zaorsky, profesor de oncología radioterápica en Mayo Clinic Jacksonville, formuló la versión estructural del mismo punto al señalar que los mercados de predicción agregan información con eficacia cuando los participantes no pueden influir en el resultado, condición que un ensayo clínico no cumple.
Ahí se rompe la condición. Un ensayo clínico es la única clase de activo listada por Kalshi donde quien tiene la posición también puede tener la mano en el resultado. Su vocero, Jack Such, responde que los vendedores en corto se lucran con ensayos fallidos a escala mucho mayor y que la bolsa, a diferencia del exchange, no le devuelve nada útil al investigador. La comparación aguanta hasta cierto punto. Un vendedor en corto no tiene acceso al vial.
El historial reciente de la categoría tampoco ayuda al argumento. Bloomberg Businessweek revisó unas 34.000 operaciones de Polymarket que la firma de analítica Polysights marcó como potencialmente informadas entre agosto de 2025 y junio de 2026, concentradas en mercados geopolíticos donde el operador con ventaja, como mucho, se enteraba antes. En un ensayo clínico no hace falta enterarse antes.
Si un contrato sobre un evento incierto es información o es apuesta ya tiene respuesta en los mercados donde opera buena parte de esta industria. La DGOJ española abrió expediente sancionador el 26 de mayo y bloqueó ambos sitios de forma cautelar, con un plazo estimado de tres a cuatro meses que vence en las próximas semanas.
Brasil reguló el instrumento en lugar del operador mediante la Resolución CMN 5.298 del 24 de abril, que prohíbe derivados cuyo subyacente sean eventos políticos, sociales, culturales o de entretenimiento. Anatel bloqueó 27 plataformas. Argentina ordenó el bloqueo por vía judicial en marzo, después de que Colombia lo hiciera por orden de Coljuegos.
Marco Emilio Hincapié, presidente de Coljuegos, lo resumió al describir estos productos como apuestas disfrazadas de analítica. Ninguno de esos reguladores estaba mirando ensayos clínicos cuando decidió.
Eso es lo que debería importarle a cualquiera que haya evaluado distribuir mercados de predicción en la región. Si la defensa informativa cae en el caso de los ensayos clínicos, cae con ella el argumento que sostiene los contratos de eventos sobre elecciones, deportes e indicadores en toda jurisdicción que todavía no se ha pronunciado. Kalshi eligió probar ese argumento en el terreno donde es más débil, semanas antes de que un regulador europeo resuelva. Nadie más en esta industria pidió esa prueba.