
Los mercados de predicción llevan dos años vendiéndose en Europa como una categoría nueva. ESMA acaba de recordar que no lo son. En un comunicado del 3 de julio, el regulador europeo dejó claro que un contrato cuyo resultado es binario, que paga fijo o no paga nada según el sí o el no a una pregunta sobre un evento futuro, encaja en la definición de opción binaria que la Unión Europea prohibió para clientes retail en 2018.
El nombre comercial no cambia la sustancia. ESMA fue explícita en que la etiqueta contrato de evento es irrelevante para la clasificación bajo MiFID II, y que distribuir estos productos a cualquier cliente, incluso no retail, requiere autorización. La lógica es sencilla. Si el payoff es todo o nada y depende de un evento, el producto es una opción binaria. Las opciones binarias no se pueden comercializar a minoristas en el bloque, según recordó el propio regulador.
Detrás del recordatorio hay un dato que ordena el panorama. Europa no tiene un solo mercado de predicción con licencia. Kalshi y Polymarket operan reguladas por la CFTC en Estados Unidos, esta última desde noviembre de 2025, cuando cerró la compra de un exchange autorizado y recibió una designación federal que la habilita a operar dentro del país. Ninguna de las dos corre una operación europea autorizada. El comunicado no cierra una puerta que estuviera abierta, confirma que nunca lo estuvo.
Europa ya venía marcando la línea antes del texto de ESMA. El 26 de mayo, el Ministerio de Consumo de España bloqueó temporalmente a Kalshi y Polymarket por operar sin licencia de juego, y el 19 de junio nueve reguladores europeos firmaron una declaración conjunta contra las plataformas de predicción sin autorización que apuntan a la región. Hasta este mes la pregunta operativa era de licencia de juego. ESMA agregó otra capa, la de si el producto es un instrumento financiero, y con ella el perímetro de MiFID II.
La divergencia con Estados Unidos es el punto que un operador debe leer con atención. Mientras la CFTC empuja los contratos de eventos hacia un marco federal y les abre un camino regulatorio, ESMA los mantiene fuera del perímetro retail sin matices. Dos reguladores miran el mismo producto y llegan a conclusiones opuestas. Para una plataforma que quiera escalar, la geografía define el modelo de negocio antes que el producto.
Conviene precisar qué mira ESMA. No es la temática del contrato, sea deportiva, política o financiera, sino su estructura de pago. Un contrato de evento sobre el resultado de una elección y una opción binaria sobre un par de divisas comparten el mismo esqueleto financiero. La industria del trading tardó años en digerir la prohibición de 2018, mientras buena parte del sector seguía buscando la forma de reintroducir el mismo riesgo con otro nombre. Los mercados de predicción son, en parte, ese intento.
La barrera de entrada que esto levanta es concreta. Una plataforma que quisiera operar en Europa necesitaría autorización, cumplir requisitos de idoneidad y aceptar que el segmento retail, el más rentable en volumen, queda vedado. El costo regulatorio deja de ser una nota al pie y se vuelve la variable que decide si el negocio existe.
Para los operadores de la región, el mensaje llega en un momento incómodo. Varias plataformas latinoamericanas han mirado los mercados de predicción como una categoría de crecimiento, atraídas por el volumen que Kalshi y Polymarket mueven en ciclos electorales. La mayoría de los reguladores de América Latina no tienen un marco propio para estos productos, lo que los deja siguiendo el precedente que marquen ESMA o la CFTC. Un broker con clientes en España y en México ahora enfrenta dos reglas distintas para el mismo instrumento, según de qué lado del Atlántico esté el cliente.
Lo que queda sobre la mesa es una pregunta de arquitectura, no de marketing. Si el producto que muchos ven como el próximo motor de volumen está prohibido en un mercado y federalizado en otro, la decisión de ofrecerlo deja de ser comercial y pasa a ser jurisdiccional. ESMA no prohibió nada nuevo esta semana. Solo recordó que el nombre cambió y el contenido no, algo que el sector prefería no escuchar.