Un CFD (Contract for Difference) es un contrato bilateral entre el trader y el broker por el cual las partes acuerdan intercambiar la diferencia entre el precio de apertura y el precio de cierre de una posición sobre un activo subyacente. El trader no compra ni vende el activo real, opera exclusivamente sobre su movimiento de precio.
La mayoría de los instrumentos ofrecidos por brokers retail son CFDs: índices como el S&P 500 o el Nasdaq, acciones individuales, materias primas como el oro o el petróleo, e incluso criptomonedas en muchas jurisdicciones. El par de divisas en FX spot técnicamente no es un CFD, pero opera bajo una estructura funcionalmente equivalente en el entorno retail.
La estructura CFD permite operar con apalancamiento y tomar posiciones cortas sin fricciones operativas, dos características que hacen al producto atractivo para el trader retail. También introduce costos y riesgos que no existen en la compra directa del activo subyacente: swap nocturno por financiación, dependencia total del broker como contraparte, y ajustes contables en lugar de dividendos reales en el caso de acciones e índices.
El marco regulatorio de los CFDs varía drásticamente por jurisdicción. ESMA prohíbe la comercialización de CFDs a clientes retail en la UE si el broker no cumple con límites de apalancamiento específicos, protección de saldo negativo y advertencias obligatorias sobre el porcentaje de clientes que pierden dinero. En LATAM y la mayoría de jurisdicciones offshore, no existen restricciones equivalentes.

