
TradingView dio marcha atrás con la regla que, desde este domingo 1 de noviembre, iba a obligar a vender los indicadores de pago solo dentro de su Marketplace. En un anuncio del 27 de octubre, la empresa aseguró que el domingo no cambiará nada para los vendedores ni para sus clientes, y que la semana siguiente publicará nuevas condiciones que permitirán vender indicadores de TradingView desde un sitio propio o como parte de un curso de trading.
El contrato, sin embargo, sigue igual, porque la sección 23 de los términos de uso de TradingView prohíbe hoy cobrar por un script invite-only (un indicador de código cerrado al que solo accede quien el autor autoriza) fuera del Marketplace, y prevé el bloqueo de los scripts o el cierre de la cuenta para quien lo haga después del 1 de noviembre. Hasta que salgan las nuevas condiciones, la única garantía que tiene un vendedor es un blog que se despide con un “¡No tiene de qué preocuparse!”.
El anuncio menciona dos casos que quedarán permitidos, el sitio propio y el curso de trading, mientras que la sección 23 enumera otros usos comerciales sobre los que no dice nada, como el servicio de señales de pago, la comunidad privada y el programa de referidos de un broker o un exchange.
Esa diferencia pesa en América Latina, donde buena parte de la educación en trading se vende como un paquete de curso, grupo privado e indicador propio, con un objetivo final que muchas veces es que el alumno abra una cuenta en el broker que le paga comisión al IB. Con lo anunciado hasta hoy, la academia que cobra el curso queda cubierta, mientras que el IB que regala el indicador a cambio de una cuenta abierta con su enlace sigue sin respuesta.
Ninguno de los 53 espacios que hoy tiene el Marketplace está descrito en español, así que los vendedores de indicadores que trabajan para el público hispanohablante venden fuera de la tienda y dependen por completo de lo que digan las nuevas condiciones.
En redes el anuncio se leyó como una victoria de los creadores, aunque los números del Marketplace explican mejor el retroceso. La tienda tiene hoy 53 espacios de pago, frente a los 39 que tenía en agosto, cuando TradingView ya acumulaba más de 1.000 solicitudes. Desde entonces le escribieron más de 1.500 autores, una fila que al ritmo actual de unas cinco aprobaciones por mes tomaría más de dos décadas en atender.
Bloquear el domingo a todos los que quedaban afuera habría significado cortarles el acceso también a sus clientes, incluidos los que pagaron licencias de por vida. Con esos números, TradingView no tenía cómo aplicar su propia regla.
El 1 de noviembre sigue siendo una fecha límite, aunque para otra cosa, porque ese día TradingView deja de recibir solicitudes de vendedores. El anuncio no explica qué pasará con quienes no se presenten antes.
Tampoco dice cuánto le costará al vendedor seguir cobrando por fuera, una duda razonable porque a fines de septiembre circuló en X una captura de los términos con una tarifa tecnológica de 29,95 dólares mensuales por usuario, cobrada al autor a partir de los cien usuarios activos, que después desapareció del texto. Aunque el cobro se haga en el sitio del vendedor, el acceso al indicador se sigue activando dentro de TradingView, de modo que la plataforma conserva el control sobre cada usuario y una tarifa ya redactada por si decide usarla.
Para quien opera un broker en la región, las condiciones de la próxima semana van a decidir si los indicadores de TradingView siguen sirviendo para captar clientes. Los términos dejan en manos de TradingView definir qué cuenta como uso comercial. Queda por ver cómo va a clasificar a la academia típica de la región, la que le cobra el curso al alumno y la comisión al broker con el mismo indicador en el medio.


