
La supervisión de stablecoins acaba de cruzar el Atlántico. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) y el Departamento de Servicios Financieros del Estado de Nueva York (NYDFS) firmaron el martes un memorando de entendimiento para coordinar el control de las firmas que emiten stablecoins en ambas jurisdicciones. El gesto formaliza por primera vez una cooperación transatlántica directa sobre un activo que dejó de ser marginal.
El acuerdo fija los procedimientos para intercambiar información supervisora y coordinar la vigilancia de los tokens emitidos en la Unión Europea y en Nueva York, incluidas las entidades que la EBA supervisa de forma directa bajo el reglamento MiCA. También crea un marco de asistencia mutua para situaciones de crisis. La letra pequeña importa, porque el memorando aplica solo a la actividad de stablecoins de las entidades supervisadas, no al resto de sus negocios.
Detrás del lenguaje regulatorio hay una cifra que explica el apuro. El mercado de stablecoins superó los 317.000 millones de dólares a inicios de abril, un alza de más del 50% desde principios de 2025, buena parte tras la entrada en vigor de la GENIUS Act, el marco federal estadounidense de 2025 que fijó reservas 1 a 1 y divulgación mensual para los emisores de tokens respaldados en dólares. El dinero institucional entró cuando las reglas le dieron permiso. La supervisión de stablecoins llega, como casi siempre en esta industria, después del capital.
El presidente de la EBA, François-Louis Michaud, enmarcó el pacto como un avance en la cooperación transatlántica y en la construcción de un marco coordinado a escala global para los criptoactivos. La declaración suena protocolar, aunque describe un cambio real, porque hasta ahora cada jurisdicción vigilaba su propio patio. Coordinar significa compartir expedientes, alertas y, en teoría, actuar al mismo tiempo cuando un emisor tambalea en dos continentes.
Del lado neoyorquino firmó Kaitlin Asrow, superintendente en funciones del NYDFS, quien situó el acuerdo en la lógica de siempre, la de que la regulación efectiva depende de relaciones sólidas entre supervisores, también en el terreno de los activos digitales. La diferencia es que ahora esas relaciones cruzan el océano.
La NYDFS no es un actor nuevo. Regula la emisión de stablecoins desde 2018, lo que la convierte en uno de los supervisores con más recorrido del sector, con un marco construido alrededor de requisitos de reserva, redención, transparencia y prohibición de rehipotecación, esto es, la reutilización del colateral de los clientes para otras operaciones. Bajo ese régimen aprobó la RLUSD de Ripple, un token anclado al dólar y respaldado por depósitos, bonos del Tesoro de corto plazo y equivalentes de efectivo.
Del lado europeo, MiCA le da a la EBA la base legal. El reglamento le otorga supervisión directa sobre los emisores de tokens referenciados a activos significativos y de dinero electrónico, y le permite firmar acuerdos de intercambio de información con autoridades de fuera de la UE. Esa transferencia de datos confidenciales depende de una condición, que el régimen de secreto profesional del tercer país sea equivalente al europeo. La EBA evaluó el de la NYDFS y lo consideró equivalente, según el comunicado conjunto de la EBA y el NYDFS.
El contexto en el que aterriza el acuerdo es todo menos tranquilo. JPMorgan congeló las cuentas de dos startups de stablecoins respaldadas por capital de riesgo por su exposición a jurisdicciones sancionadas, mientras seguía dando servicio a otros emisores y avanzaba con su propio token tras registrar la marca JPMD. El mismo banco que le cierra la puerta a unos abre la suya para competir.
Para quien opera un broker o una fintech con exposición a dólares digitales, la señal es concreta. Los reguladores empiezan a hablar entre ellos. El arbitraje entre jurisdicciones, esa práctica de emitir donde menos preguntan, pierde terreno. La coordinación entre la EBA y Nueva York fija un estándar de supervisión de stablecoins que otros mercados leerán con atención, como ya lo hizo Brasil con su propio marco.