
ASIC cancela la licencia de Trive en Australia y con eso cierra un capítulo que en realidad terminó hace más de un año. La Comisión Australiana de Valores e Inversiones retiró la licencia AFS número 424122 con efecto al 1 de julio de 2026, y la razón que dio es casi administrativa. Trive Financial Services Australia ya no ejercía actividad de servicios financieros en el país. No hubo sanción, no hubo multa. Simplemente ya no había negocio que licenciar.
El detalle que importa está en la cronología. Trive fue uno de los 52 emisores de CFDs que ASIC revisó en su examen sectorial, y después de que el regulador identificara deficiencias serias en algunos de sus procesos, la empresa aceptó dejar de captar clientes nuevos en abril de 2025. Un broker que no puede hacer onboarding de clientes es un broker con fecha de vencimiento. Los clientes existentes se van, la base se erosiona, los ingresos caen. Catorce meses después ASIC formalizó lo que ya era evidente.
La entidad tenía historia. Se constituyó en junio de 2012 como ILQ Australia, pasó a llamarse Fairmarkets Trading en 2018, y adoptó la marca Trive a fines de 2023 tras la fusión global con GKFX. Tres nombres en poco más de una década. En esta industria el rebranding suele ser menos una estrategia de marca que una forma de gestionar la memoria del mercado.
Australia no es un caso aislado dentro del grupo. Trive ya había cesado operaciones en Reino Unido bajo su licencia de la FCA. La contracción coincide con algo bastante más grave que un ajuste de portafolio geográfico. El 13 de marzo de 2026 la FCA prohibió a Kasim Garipoglu, dueño del grupo, trabajar en servicios financieros en Reino Unido, tras concluir que no era una persona íntegra ni honesta. La resolución final del regulador describe una conducta sostenida entre abril de 2012 y diciembre de 2022 en la que Garipoglu desatendió requisitos regulatorios de forma reiterada, socavó los controles de compliance y prevención de lavado, y alentó activamente la mala conducta entre sus colegas. Trató las multas regulatorias como un riesgo de negocio aceptable.
Ahí es donde el expediente australiano deja de leerse como trámite.
Días después de la prohibición, ex empleados tomaron control de la cuenta de LinkedIn que Trive mantenía para América Latina y la estaban usando para denunciar salarios impagos desde noviembre. Según los mensajes publicados, hubo una notificación formal de despido en enero que prometía la liquidación completa antes de fin de mes, y esa liquidación nunca llegó. Trive no respondió públicamente.
Para quien opera un broker, la secuencia tiene una lógica reconocible. Primero se apaga la captación en un mercado. Después se apaga el mercado. Los equipos periféricos, los de las regiones que nunca llegaron a escalar, son los últimos en enterarse y los primeros en dejar de cobrar. La estructura multi entidad que la industria vende como resiliencia regulatoria funciona también como un mecanismo de compartimentación de pérdidas. Cada jurisdicción es un contenedor estanco. Cuando uno se hunde, el resto sigue a flote, y el personal del contenedor que se hunde negocia con una sociedad local que ya no tiene caja.
El contexto australiano ayuda a entender por qué ASIC llegó hasta acá. En enero de 2026 el regulador anunció que su revisión sectorial de CFDs había asegurado la devolución de cerca de 40 millones de dólares australianos a más de 38.000 inversores minoristas, además de mejoras en determinaciones de mercado objetivo, procesos de onboarding y monitoreo de resultados de clientes. No está claro qué incumplimientos concretos cometió Trive ni si devolvió dinero a sus traders.
Una licencia cancelada por inactividad es la forma más limpia de salir de un mercado. No hay hallazgos publicados, no hay conclusiones que un regulador de otra jurisdicción pueda citar. La sociedad simplemente deja de operar y el registro se actualiza. El grupo, mientras tanto, mantiene operaciones en las jurisdicciones que le quedan. Trive South Africa figura como proveedor autorizado ante la FSCA con licencia 27231. Reino Unido cerrado, Australia cancelada, el dueño vetado por la FCA, y una entidad activa en Johannesburgo. Los reguladores comparten información entre sí con más frecuencia de la que la industria supone. Lo que no está claro es cuánto tarda esa información en traducirse en algo que un empleado sin cobrar pueda usar.