
Estados Unidos tuvo una de esas semanas en las que cada día trajo su propio titular. Robinhood abrió cuentas para que operen agentes de inteligencia artificial. DraftKings montó su propio mercado de contratos de eventos. La CFTC mandó su regla sobre mercados de predicción a la Casa Blanca. Aparecieron los primeros futuros sobre el costo de las GPU. Coinbase lanzó perpetuos cripto en EE.UU. Cinco movimientos distintos, pero con un mismo efecto, el de correr la frontera de lo que se puede listar, operar y para quién.
Vale la pena detenerse en un par de esos lanzamientos para dimensionar de qué se habla. Cuando Robinhood abrió cuentas para agentes de inteligencia artificial, no lanzó una función más. Permitió que un programa opere una cuenta con fondos reales de forma continua, sin que el titular esté frente a la pantalla, sobre una base de 27,6 millones de cuentas con saldo. Los futuros sobre GPU son todavía más reveladores. Por primera vez existe un contrato listado y regulado sobre el costo del cómputo de inteligencia artificial, un activo que hasta ahora solo se cubría con acuerdos privados. La CFTC, mientras tanto, está aprobando categorías que la SEC difícilmente habría tolerado, empujada en buena medida por la competencia entre ambos reguladores. No son ocurrencias sueltas. Es una máquina de crear mercados nuevos funcionando a toda marcha, y ese es exactamente el catálogo que la región va a discutir mañana.
Esa capacidad de innovación es real y conviene tomársela en serio. El producto que nace en el norte termina llegando a la región, casi siempre con algunos trimestres de retraso. Mirar lo que hace Estados Unidos no es perder el tiempo. Es leer el futuro del catálogo que un broker lva a tener que ofrecer tarde o temprano.
El detalle es que, mientras toda la atención estuvo puesta en esos titulares, esta semana se publicó un dato que cuenta una historia paralela y bastante menos comentada. La bolsa de Chile, medida en dólares, acumula 73% de retorno desde marzo de 2022, según un análisis de Latinometrics. El IPSA cerró 2025 en su máximo histórico. El Ibovespa brasileño sumó 59% en la misma ventana, también en dólares. El S&P 500, en esa misma lectura, quedó cerca del 40%. Dos índices latinoamericanos, medidos en la moneda de referencia global, le sacaron ventaja al gran benchmark estadounidense durante un ciclo de tres años marcado por tarifas, tensiones geopolíticas y volatilidad en los mercados desarrollados.
El caso chileno tiene un componente que rara vez aparece junto. La revalorización del peso frente al dólar le agregó retorno extra al inversor extranjero, por encima de lo que rindió la bolsa local en términos nominales. Acción barata más moneda fuerte, una combinación que cuando aparece dura poco. Brasil cuenta otra historia, un índice pesado en materias primas, banca y energía, que se mueve con el ciclo de commodities en lugar de pelearse con él.
Acá está la parte que debería incomodarnos, y el reproche es hacia adentro. El inversor institucional ya hizo la rotación. Bank of America escribió en 2025 que los grandes capitales estaban mirando más allá de la excepcionalidad estadounidense, y los flujos hacia fondos de mercados emergentes lo confirmaron. El retail latinoamericano, en cambio, se quedó conectado al partido del norte. Las plataformas de la región siguieron priorizando el último fondo temático estadounidense por encima de ofrecer exposición eficiente al IPSA o al Ibovespa. El mejor rendimiento del ciclo estuvo, literalmente, dentro de casa, y la oferta de producto siguió apuntando hacia afuera. Eso no es culpa del norte. Es una distracción nuestra.
La región también probó algo nuevo esta semana, aunque por un camino que merece más escepticismo que aplauso. Argentina presentó un proyecto para regular el juego en línea yendo contra los rieles de pago en lugar de contra las plataformas. Bancos, procesadores y proveedores de servicios cripto quedarían prohibidos de operar con sitios sin autorización local. La idea de cortar el dinero antes que el sitio suena ingeniosa sobre el papel. En la práctica tengo mis dudas. Un operador sin licencia mueve fondos a través de procesadores offshore y wallets difíciles de clasificar en tiempo real, así que la medida es fácil de esquivar para el que de verdad quiere esquivarla. El costo, en cambio, cae sobre los intermediarios legítimos, que suman otra capa de monitoreo y de fricción en el onboarding.
Como operadora, lo que saco de la semana no es una jerarquía entre el norte y el sur. Saco que son dos relojes distintos corriendo a la vez. Estados Unidos corre el reloj del producto, inventa la categoría que vamos a vender mañana. La región corre el reloj del rendimiento y del marco regulatorio propio, con aciertos como el desempeño de Chile y Brasil y con experimentos discutibles como el de Argentina. El error no es mirar al norte. El error es mirar solo al norte, y que esa atención única tenga el costo de no ver una oportunidad de tres años que estaba en la puerta de al lado.
La pregunta para la semana que entra. Si el mejor rendimiento del último ciclo estuvo en la propia región y casi nadie del retail local lo capturó, ¿qué estamos dejando pasar hoy por tener la vista fija en una sola cancha?