Banco W forma a sus clientes del futuro con un videojuego

October 29, 2026
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Banco W forma a sus clientes del futuro con un videojuego

En un auditorio de la Universidad Icesi, en Cali, un grupo de estudiantes tuvo sesenta segundos para decidir qué hacía un personaje de videojuego con sus primeras monedas. Tarjeta roja para comprar zapatillas nuevas. Tarjeta verde para comprar un sistema de riego para su abuelo, que vive de la tierra en un imperio golpeado por la sequía. El jugador que manejaba la partida en la pantalla tenía que obedecer lo que votara la mayoría.

La escena hace parte de “Hackea tu bolsillo con CASH”, un bootcamp de finanzas personales que la Fundación WWB Colombia y el Banco W realizaron el 27 de octubre en alianza con la universidad. El centro de la jornada fue Cash, el resurgir de los imperios, el videojuego de educación financiera que ambas organizaciones lanzaron en 2024 pensando en los colegios y que esta vez llegó a un aula universitaria.

Un juego pensado con los propios jóvenes

Cash nació con un público definido. Está dirigido a jóvenes de 14 a 19 años y se construyó a partir de grupos focales con estudiantes de colegios, que ayudaron a definir las aventuras y los personajes. El diseño incorpora además elementos de economía del comportamiento, algo que se nota en la mecánica. El jugador siempre tiene a mano la alternativa tentadora, que es exactamente como se presentan las decisiones en la vida real.

La historia arranca en el Imperio del Sol, castigado por una sequía que provoca Taida, el dios de la pereza. Cash, un joven agricultor de 17 años, recorre los distintos imperios para romper la maldición mientras administra recursos y toma decisiones estratégicas. En la partida conviven tres indicadores, el flujo de caja en monedas, el patrimonio en propiedades e inversiones y una barra de bienestar que mide cómo le va a la comunidad. Es gratuito y funciona en web, Android e iOS.

El lanzamiento empezó en 11 colegios públicos de Cali, con planes de expansión nacional. Según la presentación que la Fundación mostró en Icesi, el juego ya está incluido en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) de colegios para los grados octavo a once.

Del colegio a la universidad

El formato de Icesi le dio una vuelta interesante al juego. En lugar de poner a cada estudiante frente a su propia pantalla, la Fundación convirtió al auditorio en el “Consejo Financiero del Imperio”. Cada vez que aparecía un dilema, la partida se pausaba y la sala votaba con tarjetas de color.

Los dilemas suben de complejidad. El primero enfrenta deseo y necesidad con las zapatillas y el sistema de riego. El segundo plantea qué hacer con el oro que sobra después de comprar una propiedad, guardarlo para no quedarse sin liquidez o invertirlo en arreglar techos y adecuar el lugar para arrendarlo. El tercero pregunta si conviene invertir en el ganado de Bobi, un personaje del pueblo, a cambio de una rentabilidad futura, o guardar el dinero solo para la granja propia. Costo de oportunidad, liquidez frente a rentabilidad y diversificación con riesgo, explicados con una granja.

La reflexión de cierre aterrizó el juego en la vida de un estudiante con un ejemplo que cualquier universitario entiende, el celular que se daña a mitad de semestre cuando no hay ningún colchón para reponerlo. El ejemplo no exagera. Las cifras del Banco de la República que la Fundación citó en el lanzamiento indican que la mitad de los jóvenes en Colombia no sabe manejar un presupuesto, que apenas el 15% tiene conocimientos básicos de inversión y que el 58% no podría cubrir un gasto imprevisto sin pedir un préstamo.

La jornada incluyó también un conversatorio con tres panelistas, Bryan Rozo y Katherine Damian en inversión y ahorro, y Camilo Delgado, docente universitario y fundador de FinancialTools.io, a cargo de presupuesto y deuda. La agenda giró alrededor de tres temas. El presupuesto de supervivencia para estirar la plata de las fotocopias y el transporte sin caer en la trampa de la tarjeta de crédito, la mentalidad para generar ingresos monetizando habilidades mientras se estudia, y el fondo de emergencia como un hábito que se puede empezar con 10.000 pesos.

Para Camilo Delgado, el crédito instantáneo tiene dos caras. Lo positivo es que antes conseguir liquidez en un banco implicaba mucha burocracia. Lo negativo, dice, es que “ha crecido más rápido la tecnología de facilitar créditos que el nivel de educación financiera de los jóvenes”. Por eso, un crédito tomado con un objetivo claro “podría ser una palanca muy buena”, pero usado para gastos superficiales puede endeudar a un estudiante desde muy temprana edad.

La lógica de un banco de microfinanzas

Que sea el Banco W quien está detrás del juego tiene una lectura de negocio que vale la pena hacer. La Fundación WWB nació en Cali en 1982, impulsada por un grupo de mujeres profesionales, con foco en mujeres cabeza de hogar que necesitaban acceso al crédito. En 2011 creó el Banco W, una entidad de microfinanzas que desde mayo de 2025 tiene como accionista mayoritaria a la Fundación Grupo Social, con el 51%. La Fundación WWB conserva el 49% restante.

En los últimos años el banco amplió su oferta digital con billetera, tarjeta de crédito, crédito rotativo y microcrédito digital. El mismo grupo que en el juego advierte sobre la trampa de la tarjeta tiene tarjetas en su portafolio. Puede leerse como contradicción, pero desde el negocio tiene bastante lógica. Un cliente que entiende cuánto cuesta el crédito rotativo usa mejor el producto, paga a tiempo y se queda más años con el banco.

“Más que ofrecer productos financieros desde el sector bancario, buscamos generar iniciativas disruptivas”, dijo en el lanzamiento Daniela Konietzko Calero, presidenta de la Fundación WWB Colombia.

El horizonte es lo que hace interesante esta apuesta. Un estudiante de 15 años no va a pedir un microcrédito este semestre. Lo puede pedir dentro de diez años, cuando monte un negocio o necesite capital de trabajo, y para ese momento ya habrá pasado varias veces por la decisión entre las zapatillas y el sistema de riego.

Lo que deja para la industria

Para quien trabaja en brokers, prop firms o fintech, el caso deja una comparación útil. En la industria del trading, la educación suele aparecer cuando ya hay una cuenta abierta. Cash invierte el orden y enseña años antes de que exista un producto que ofrecer. Es el mismo principio que ya vimos en Cali con el examen de certificación de la Universidad de San Buenaventura y en la apuesta de Blueberry por la educación como infraestructura, la formación entendida como retención de largo plazo más que como costo de adquisición.

El formato también merece atención. La votación en sala con tarjetas de color convierte una decisión individual en una conversación de grupo, y obliga a cada estudiante a defender por qué eligió lo que eligió. Es un recurso barato, fácil de replicar y bastante más memorable que una diapositiva sobre costo de oportunidad.

Queda pendiente el dato que haría la diferencia, el de los resultados. Cuántos colegios usan hoy el juego, cuántos estudiantes lo completaron y qué cambió en sus decisiones después de jugarlo. La presentación de Icesi habla de impacto real en los colegios, pero no lo cuantifica. Si esos datos existen, publicarlos convertiría un buen proyecto en un caso de referencia para toda la región.

Mientras tanto, el dilema de las zapatillas ya pasó por un auditorio universitario. Es una pregunta simple, y muchos adultos nunca tuvieron la oportunidad de practicarla en un lugar donde equivocarse no cuesta nada.

Camilo Delgado, panelista del bootcamp, es columnista de Wall Street en Español y fundador de FinancialTools.io, firma en la que Maya Solombrino, autora de este artículo, mantiene un rol de asesoría estratégica.

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Escrito por

Maya Solombrino

Cofundadora y Directora Editorial de Wall Street en Español. Más de una década operando brokers en LATAM antes de construir el medio que los cubre.

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