
Warren Buffett dejó la presidencia de Berkshire Hathaway este viernes, a los 96 años, con una carta a los accionistas que cierra la última pieza de un traspaso que empezó en mayo de 2025. Queda como presidente emérito, conserva su asiento en el consejo, mientras su hijo Howard Buffett asume la presidencia bajo el plan de sucesión que la compañía tenía escrito desde hacía años. Susan Decker sigue como directora independiente principal.
La secuencia del traspaso dice bastante más que la fecha del anuncio, porque Greg Abel tomó el cargo de director ejecutivo en enero, ocho meses después de que Buffett comunicara en la asamblea anual su salida de la operación, mientras la presidencia del consejo se quedó en manos del fundador hasta hoy. Buffett dejó el reparto de papeles dicho en una sola línea, Greg dirige el negocio, Howard cuida la cultura y los valores.
Los números del cierre explican por qué la transición se cuidó tanto, porque Berkshire reportó 44.500 millones de dólares de utilidad operativa el año pasado con cerca de 400.000 empleados, mientras el retorno anual compuesto entregado a los accionistas durante la gestión de Warren Buffett fue de 19,7%. La caja terminó junio en 365.500 millones de dólares, por debajo de los 397.400 millones del trimestre anterior, porque Abel empezó a usarla, con 4.500 millones en recompra de acciones propias y cerca de 20.000 millones netos en compras de renta variable después de catorce trimestres seguidos vendiendo más de lo que compraba.
Para América Latina queda un dato que probablemente no aparezca en los recuentos de esta semana, porque Berkshire hizo exactamente dos apuestas relevantes en la región, las dos en fintech, y cerró ambas antes del traspaso. Entró a StoneCo en su salida a bolsa de 2018 con unos 340 millones de dólares por cerca del 11% de la compañía, posición que liquidó en el último trimestre de 2023 muy por debajo del precio de entrada. En Nubank puso 750 millones entre la ronda Serie G y la salida a bolsa de diciembre de 2021, 107 millones de acciones que terminó de vender en el primer trimestre de 2025 con una ganancia aproximada de 250 millones.
Ninguna de las dos salidas fue un juicio sobre el negocio que dejaba atrás, porque Nubank venía reportando utilidades récord cuando Berkshire vendió, dentro de un repliegue general del sector financiero que también se llevó por delante a Citigroup y a parte de Bank of America. El resultado para la región termina siendo el mismo de todas formas. El capital paciente más citado del mundo estuvo siete años dentro de la fintech en América Latina, salió antes de que su fundador entregara el último cargo, de modo que el portafolio que hereda Abel no conserva una sola posición latinoamericana de peso.
La lectura útil para quien opera un broker o una fintech en la región está del lado del gobierno corporativo, no del portafolio. Esta industria está armada casi por completo sobre fundadores de primera generación, muchos todavía aprobando retiros a las once de la noche desde el teléfono, sin plan de sucesión escrito, sin un segundo nombre que el regulador reconozca, sin nadie entrenado para sostener la relación con los bancos corresponsales y con los proveedores de liquidez si el fundador desaparece un martes cualquiera.
Berkshire tardó más de un año en ejecutar un traspaso que ya tenía decidido desde antes, con el sucesor anunciado, el consejo alineado y el fundador disponible para acompañar la transición desde adentro. La mayoría de las casas de la región no tiene redactada ni la primera línea de ese documento, mientras el asunto aparece únicamente cuando un banco o un regulador lo pregunta por escrito y alguien tiene que improvisar una respuesta en cuarenta y ocho horas.
Hay además una ironía que el sector va a saltarse esta semana, porque ninguna figura se cita más en el material educativo de los brokers en español que Warren Buffett, en una industria que vende apalancamiento intradía, contratos que no entregan el subyacente y campañas construidas sobre el horizonte exactamente contrario al suyo.
Howard Buffett entra a cuidar una cultura que hasta hoy no era un documento sino una persona entrando todos los días a una oficina en Omaha, mientras Abel ya está gastando la caja y recomprando acciones propias, que es justo lo que la casa no hizo durante años. Falta ver qué ocurre la primera vez que el presidente encargado de los valores y el director ejecutivo responsable de los resultados no coincidan, sin el fundador disponible para desempatar.