
Los tres bancos centrales hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos y la operación que iban a romper terminó la semana de pie. La Reserva Federal subió su tasa un cuarto de punto el miércoles, hasta 3,75%-4%. El Copom recortó la Selic de 14% a 13,75% esa misma noche. El Banco de Japón cerró el viernes llevando la suya a 1,25%, el nivel más alto desde 1995. Las dos puntas se apretaron al mismo tiempo y el dinero se quedó donde estaba.
Alguien pide prestado en Japón, donde el dinero es barato, y lo coloca en Brasil, donde rinde mucho. Se queda con la diferencia. Esa es la operación de la que hablamos. Esa diferencia era de trece puntos porcentuales antes de esta semana y quedó en doce y medio. Medida contra el dólar, la Selic pasó de rendir 10,25 puntos por encima del techo del rango de la Fed a rendir 9,75. Un punto entero de premio desapareció en cuarenta y ocho horas. Cuando eso pasa, lo normal es que el dinero vuelva a casa y que las monedas de la región lo sientan de inmediato.
Lo que impidió el regreso fue el yen. Quien se financia en Japón pide prestado en yenes y en yenes tiene que devolver. Si la moneda japonesa se debilita mientras la posición sigue abierta, la deuda encoge sola y el operador recupera por ese lado lo que perdió por el otro. Eso fue justo lo que pasó. El Banco de Japón encareció el préstamo veinticinco puntos básicos y el yen, en lugar de fortalecerse, se fue hasta cerca de 158 por dólar, su nivel más flojo en dos semanas.
El alza japonesa se aprobó por siete votos contra dos, y ese reparto explica buena parte de lo que siguió. Toichiro Asada y Ayano Sato pidieron mantener la tasa donde estaba. Kazuo Ueda tampoco prometió en la conferencia de prensa que vendrían más. El mercado rara vez compra la subida de hoy, compra la promesa de la siguiente, y esa promesa no llegó.
La presión sobre la región llegó del otro extremo y tampoco vino de la decisión en sí. El alza de la Fed estaba descontada hacía semanas. Lo que movió al dólar fue el cuadro de proyecciones que el comité publicó junto al comunicado, donde dieciséis de los dieciocho participantes anticipan al menos un aumento más este año. Un dólar que promete pagar más el trimestre entrante compite mejor por el mismo dinero que hoy viaja a Brasil o a Colombia.
Ninguna de las tres decisiones movió precios por sí sola, porque las tres estaban descontadas, y ahí está la lección práctica de la semana. Lo que movió precios fue el reparto de votos en Tokio y el cuadro de proyecciones en Washington. Las dos cosas llegan después del titular y ningún sistema de riesgo automatizado las lee por su cuenta.
El costo terminó apareciendo en el peso colombiano. La TRM pasó de 3.072,27 pesos el lunes a 3.151,73 el viernes, un avance de 2,59% en cinco jornadas. El real brasileño, en cambio, se sostuvo cerca de 5,16 por dólar, el mismo rango en el que venía operando antes de las reuniones. La moneda del país que recortó su tasa aguantó y la del país que no tocó nada fue la que cedió.
Colombia llegó a la semana con menos defensas. La industria manufacturera cayó 2,3% interanual en julio según el Dane y arrastró el índice general de producción industrial a -0,3%, después de que en junio creciera 3,9%. Un dato así, en una semana tranquila, pasa casi desapercibido. En una semana como esta define cuánto castigo absorbe la moneda.
La pregunta que quedó abierta hace siete días era cuál de los dos ciclos terminaba cediendo, el desarrollado o el latinoamericano. La respuesta de estos cuatro días es que no cedió ninguno. Ningún banco central de la región corrigió su rumbo ni adelantó una decisión por lo que hicieron Washington o Tokio. El diferencial se achicó igual y el ajuste lo absorbió el tipo de cambio, que es otra manera de decir que lo pagaron los tenedores de activos locales y no los comités.
Banxico decide el jueves con su tasa en 6,50% y con una junta que en la minuta de agosto ya anticipó que piensa mantenerla. El Banco de la República cierra el mes con la suya en 12%, después de una decisión de julio que se ganó por mayoría y no por unanimidad. Si la Fed cumple lo que promete su cuadro de proyecciones, los dos van a tener que elegir entre defender el diferencial o gastarlo. Esa elección es la que define el flujo hacia la región en lo que queda del año.