
Stake confirmó su lanzamiento oficial en México y lo hizo con un timing que dice más sobre la industria del iGaming que sobre la propia compañía. La operadora, que ya estaba presente en Colombia, Perú y Brasil, entra al mercado mexicano a través del dominio stake.mx y bajo una estructura de agente operando con el permiso de Uno Capali, que a su vez se ampara en el permiso gubernamental de Producciones Móviles S.A. de C.V., regulado por la Secretaría de Gobernación. Es decir, Stake México no obtuvo licencia propia, se montó sobre la de un tercero. Es la fórmula que permite a operadores extranjeros entrar al país sin abrir entidad mexicana ni pasar por el proceso completo de la SEGOB.
El momento del lanzamiento no es casual. México será coanfitrión del Mundial de fútbol 2026 junto con Estados Unidos y Canadá, y el sportsbook es el producto donde Stake ha construido su identidad. Jarrod Febbraio, director de Stake, lo dijo sin demasiada decoración cuando habló de entrar a mercados de alto valor en el momento adecuado. La traducción operativa es directa, hay un evento que va a generar volumen masivo de apuestas, y la marca quiere su base de usuarios instalada antes de que arranque la fase de grupos.
Pero hay una capa que el comunicado de Stake no menciona y que cualquier operador en la región sí tiene presente. En enero de 2026 entró en vigor el aumento del impuesto IEPS gambling sobre los ingresos de juegos con apuestas, que pasó del 30% al 50%. Según el último reporte de Blask, el Blask Index de México cayó 35% desde su pico de diciembre de 2025 en los primeros dos meses del año. El detalle relevante está en cómo se distribuyó esa caída, las marcas locales con licencia perdieron 34% de su índice, mientras que las marcas internacionales perdieron menos de 7%.
Ese 27% de diferencia define el contexto en el que Stake América Latina decide entrar. Las operadoras onshore están absorbiendo el golpe fiscal completo. Las internacionales que operan desde Curazao u otras jurisdicciones, o que entran vía estructuras de permiso como la que usa Stake, navegan el mismo mercado con una estructura de costos distinta. Dmitriy Belianin, cofundador de Blask, fue claro al decir que con un 50% sobre la facturación, la reforma resulta económicamente prohibitiva para la mayoría de los verticales a menos que cambie la base, baje la tasa, o los operadores logren trasladar el costo.
El mercado mexicano de iGaming está valuado en USD 970 millones en 2026, con proyección de USD 1.96 mil millones para 2031, y registró 8 millones de jugadores activos en 2025. Las apuestas deportivas representan el 50% de ese volumen, según datos de la industria. No es un mercado pequeño y, a pesar del impuesto, sigue siendo el segundo más grande de la región después de Brasil. Lo que está cambiando no es el tamaño del pastel, sino quién se queda con qué porción.
La estructura legal por la que Stake opera en México merece una lectura atenta. El brief oficial NO.DGJS/DCRCA/2501/2021 fue emitido a Producciones Móviles, no a Stake. Operar como agente bajo el paraguas regulatorio de un tercero es legal y común en México, donde el marco normativo del juego online sigue siendo una zona gris que se administra a través de permisos heredados de regulaciones de 2004. Lo que esa estructura permite, en términos prácticos, es entrar al mercado sin asumir directamente la carga fiscal y administrativa que sí pesa sobre los licenciatarios primarios.
Para alguien que opera un broker o un negocio dentro del ecosistema de apuestas online de México, lo interesante de este movimiento no es Stake. Es el patrón. Mientras los operadores locales ajustan presupuestos de marketing, recortan bonos y revisan sus modelos de retención bajo el peso del nuevo IEPS, las marcas internacionales aceleran su entrada. El Mundial 2026 va a llegar a un mercado donde las reglas del juego ya están reescritas. La pregunta es si los operadores con licencia mexicana van a poder competir por adquisición cuando el costo de cada cliente nuevo se multiplique por la mitad de cada peso ingresado.