
El precio del petróleo Brent cerró este miércoles 29 de abril de 2026 en 115,29 dólares por barril, con un alza del 3,62% en la sesión y un séptimo día consecutivo de ganancias, el cierre más alto del referencial europeo desde junio de 2022. El contrato a junio de 2026 acumula más del 88% de subida en los últimos doce meses.
El movimiento responde a una combinación que rara vez se ve junta. El estrecho de Ormuz lleva cerrado de facto desde el 28 de febrero, sacando de circulación cerca del 20% del suministro marítimo global. La producción de Irak, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos sigue paralizada en aproximadamente 9,1 millones de barriles diarios en abril, según la EIA, la mayor disrupción física en la historia moderna del crudo. A eso se sumó el martes el anuncio sorpresa de que Emiratos abandonará la OPEP y la OPEP+ el 1 de mayo, después de 59 años como miembro.
La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP es la fractura más grande del cártel desde la salida de Catar en 2019. Emiratos es el tercer productor del grupo detrás de Arabia Saudí e Irak, con capacidad instalada cercana a 4,8 millones de barriles diarios. Nigel Green, CEO de deVere Group, lo describió como la pérdida de un pilar central de la estabilidad del mercado petrolero, aunque matizó que la reacción inmediata refleja más una recalibración de incertidumbre que un shock de oferta real, porque no hay barriles que se pierdan de un día para otro. El problema, sostiene Rystad Energy, es estructural y permanente.
Donde la crisis sí está viva es en el mercado físico. Warren Patterson, jefe de estrategia de commodities en ING, sostuvo en una nota a clientes que la falta de avances en las negociaciones está obligando al mercado a repreciarse al alza cada día que pasa, conforme la oferta se ajusta sin alivio a la vista. Arlan Suderman, economista jefe de commodities en StoneX, fue más directo cuando señaló que los precios cash en Asia y partes de Europa han llegado a superar en más de 50% el precio del Brent en futuros. La brecha entre lo que cotiza el contrato y lo que se paga por barril físico es ahora extrema.
Las proyecciones institucionales se han movido al alza cuatro veces desde que comenzó el conflicto. Goldman Sachs subió el 26 de abril su pronóstico para el cuarto trimestre de 115 dólares como escenario de riesgo si la disrupción de Ormuz se extiende, con un caso extremo de 135 dólares ligado a destrucción de demanda. JPMorgan mantiene su llamado a un sobreimpulso hacia 150 dólares si Ormuz sigue cerrado hasta mediados de mayo. Macquarie y Wood Mackenzie sostienen 200 dólares como cola de riesgo, aunque los mercados de predicción asignan baja probabilidad a ese escenario. La EIA, en el otro extremo, sigue proyectando 70 dólares para fin de año, asumiendo que Ormuz reabre, supuesto que la propia agencia ahora considera solo parcial.
El análisis técnico del Brent en 115 dólares marca una línea que el activo solo ha cruzado tres veces en los últimos quince años. La zona entre 113 y 115 ha contenido cada repunte desde marzo. Un cierre semanal por encima abre el camino hacia 125 dólares, con 140 como techo mayor. Una falla en este nivel devuelve el precio al rango de consolidación entre 92 y 94 dólares.
Para cualquier broker que ofrezca CFDs sobre petróleo, este nivel de volatilidad cambia el cálculo. Los márgenes se ajustan, los stops se ensanchan, y los traders minoristas que entran en posiciones apalancadas con un activo subiendo 88% en un año tienen un perfil de riesgo distinto al que tenían hace dieciocho meses. En América Latina, donde el petróleo es uno de los activos más operados en plataformas CFD, esa ecuación se siente del lado de las mesas de riesgo y del lado del cliente al mismo tiempo. El petróleo, históricamente, es un instrumento que muchas casas tratan como satélite. Cuando se mueve así, deja de serlo. La pregunta que queda es cuántos brokers tienen los modelos de gestión de riesgo realmente calibrados para este tipo de mercado, o si todavía operan con parámetros de un ciclo que ya no existe.