
OpenAI presentó el 10 de septiembre ChatGPT para servicios financieros, una versión de su asistente pensada para la banca de inversión y el análisis de renta variable, desarrollada junto a Morgan Stanley y Evercore. Funciona sobre GPT-6 Astra, el modelo más reciente de la compañía, e incluye de fábrica datos de Daloopa, PitchBook y LSEG News con transcripciones de resultados, estados financieros y fundamentales de empresas. No hay precio publicado ni lista de clientes, solo la indicación de que el producto está disponible para instituciones financieras elegibles.
Conectar un modelo de lenguaje a fuentes de datos financieros no es nuevo. PitchBook y LSEG anunciaron sus conectores para ChatGPT a fines de 2025, aunque cada firma tenía que negociar su licencia y configurar la conexión por su cuenta. Ahora OpenAI indexa y aloja esos datos en su propia infraestructura, sin contratos separados, lo que le permite ofrecer citas que llevan cada cifra hasta la tabla o el pasaje exacto del que salió. OpenAI pone como ejemplo un EBITDA ajustado, donde el analista puede ver qué costos se excluyeron y en qué nota del reporte está cada ajuste.
Ese cambio mueve a OpenAI a una posición que hasta ahora ocupaban las terminales, la de intermediario entre quien vende el dato y quien lo usa. Para las firmas que ya pagan S&P Capital IQ, LSEG, MSCI, Factiva o Moody's, la compañía está desarrollando un acceso con el mismo inicio de sesión de ChatGPT que reconoce las licencias vigentes. El proveedor sigue cobrando su suscripción, pero el analista ya no tiene que salir de ChatGPT para usar esos datos.
Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, dijo esta semana en una conferencia de Goldman Sachs que a comienzos de año el negocio empresarial ya pesaba casi lo mismo que el de consumo. Un producto vertical para bancos es la vía más corta para subir el ingreso por usuario, en un mercado de inteligencia artificial en la banca donde Anthropic ya compite por los mismos equipos.
ChatGPT para servicios financieros hereda de ChatGPT Enterprise el inicio de sesión único, el control de accesos por rol y la exportación de registros hacia las áreas de compliance, además de permitir espacios de trabajo separados para mantener barreras de información. OpenAI asegura que los datos de las firmas no se usan para entrenar sus modelos por defecto. Nick Turley, vicepresidente de producto, habló de una demanda muy alta, aunque se negó a nombrar a los bancos que ya lo contrataron.
La residencia de datos, que permite a los clientes empresariales de OpenAI guardar sus conversaciones y archivos dentro de una región elegida, está disponible en diez jurisdicciones que van de Estados Unidos y Europa a Japón, India y Emiratos Árabes Unidos. Ninguna está en América Latina. La residencia de inferencia, que asegura que el modelo procese la información dentro de esa misma región, existe solo en Estados Unidos, Europa y Emiratos.
En Brasil esa ausencia tiene consecuencias concretas, porque la Resolución CMN 4.893, actualizada en diciembre de 2025 por la 5.274, obliga a las instituciones autorizadas por el Banco Central a definir antes de contratar en qué países y regiones se procesarán y almacenarán sus datos. La norma exige además comunicar al supervisor la contratación de servicios relevantes de nube en un plazo de diez días y, si el servicio se presta en el exterior, que exista un convenio de intercambio de información con el regulador de ese país. Es difícil que un asistente hecho para trabajar con información no pública quede fuera de esa categoría.
Desde agosto, OpenAI tiene en São Paulo su base para toda América Latina, con licencias empresariales que, según la propia compañía, se multiplicaron por cinco en Brasil en un año. Su apuesta financiera más visible en la región apunta, sin embargo, al cliente final, con Nubank desarrollando sobre sus modelos un asistente bancario al que llaman banquero privado.
Quien dirija el área de análisis de un banco o un broker de la región va a encontrar atractivo ChatGPT para servicios financieros por la misma razón que Morgan Stanley y Evercore. Lo más caro del research siempre fueron las licencias de datos y las horas de analistas junior armando presentaciones. La conversación interna va a empezar, sin embargo, en compliance, donde antes de ver una demo alguien va a preguntar en qué país queda guardado el prompt con información de un cliente y cómo se le declara eso al regulador.
OpenAI todavía no respondió esa pregunta para América Latina, como tampoco dijo cuánto cuesta el producto ni qué hace falta para ser una institución elegible, dos datos que en un comité de compras de la región suelen pesar más que cualquier benchmark.