
Tradeify abrió el 19 de mayo la lista de espera de Slay Markets, su nuevo broker de futuros para clientes minoristas, y la estructura detrás de la marca explica el rumbo del prop trading regulado mejor que cualquier comunicado de la industria.
Tradeify Brokerage LLC es la entidad que firma con el cliente, registrada ante la CFTC como introducing broker y miembro de la National Futures Association, mientras NinjaTrader Clearing LLC queda por detrás como único futures commission merchant, custodia los fondos y ejecuta todas las operaciones.
Esa separación es el punto. Un introducing broker capta y atiende clientes sin sostener su dinero, lo que lo libera de los requisitos de capital y de reporte financiero que la CFTC exige al futures commission merchant, la figura que sí asume el riesgo de contraparte. La licencia entrega credibilidad regulatoria sin obligar a cargar un balance.
Topstep llegó primero por otra vía. Topstep Brokerage LLC opera como introducing broker desde septiembre del año pasado, con el número de miembro 0567079 ante la NFA, dato que la propia compañía publica en su sitio. Lo nuevo apareció en mayo, cuando Topstep Advisory LLC obtuvo la aprobación como miembro de la NFA y como Swap Firm, además del registro como commodity trading advisor.
El calendario merece atención ya que la aprobación llegó menos de dos semanas después de que el trader Vincent McCrudden demandara a Topstep alegando que la firma opera como commodity pool operator sin registro. Nadie en la industria va a decir que una cosa llevó a la otra, aunque el orden de los hechos está a la vista.
FTMO resolvió el mismo problema comprando la solución. En lugar de solicitar licencias una por una, adquirió una compañía que ya las tenía. La adquisición de OANDA cerró el 1 de diciembre de 2025, después de que FTMO obtuviera en noviembre la última aprobación regulatoria pendiente, y le dio acceso a entidades reguladas en Nueva York, Toronto, Londres, Varsovia, Singapur, Tokio y Sídney.
Lo llamativo es el momento que eligieron todas. La CFTC había perdido su caso más visible contra el sector en mayo de 2025, cuando un juez federal desestimó de forma definitiva la demanda contra la matriz de My Forex Funds, sin posibilidad de volver a presentarla.
El mismo fallo sancionó a la agencia con más de 3 millones de dólares en costos legales, de modo que el riesgo de una acción de cumplimiento bajó justo antes de que las firmas empezaran a formalizarse.
La industria funcionó más de una década sin ninguna de estas estructuras, cobrando evaluaciones a traders minoristas bajo la figura de cuentas simuladas y resolviendo el resto con términos y condiciones. El prop trading regulado sigue siendo una categoría reciente, construida sobre registros que en su mayoría no llegan al año.
Que aparezcan ahora entidades registradas, custodios separados y áreas de compliance responde menos a una madurez del sector que al techo del modelo anterior. MyFundedFutures también busca su registro como introducing broker, según sus propias búsquedas de personal de compliance y operaciones de brokerage, aunque todavía no figura en los registros públicos de la NFA.
Para quien opera desde América Latina, el detalle importa poco en lo inmediato. Un registro ante la CFTC es un activo de perímetro estadounidense, sirve para atender clientes en ese país y no cambia nada para el trader que paga una evaluación desde Bogotá o São Paulo.
Ninguna de estas firmas publica la distribución regional de su base de usuarios, aunque el negocio de evaluaciones se construyó sobre demanda global y esa parte del ingreso sigue atendida por entidades con licencias offshore.
Ahí está el cálculo real para cualquiera que dirija una de estas compañías. Las prop firms en Estados Unidos están pagando el costo de una estructura regulada para servir al mercado que menos margen les deja, mientras el prop trading regulado no resuelve nada en las jurisdicciones de donde llega el volumen.
La CFTC, mientras tanto, no ha dicho nada. No declaró ilegal el modelo de cuentas simuladas ni lo declaró legal, así que las firmas que se registran lo hacen sin saber qué régimen les va a aplicar cuando el regulador finalmente hable.
Quien llegó primero va a tener que explicar por qué, si resulta que no hacía falta.