
Bybit lanzó este miércoles un copiloto de IA para su plataforma. Ben Zhou, cofundador y CEO del exchange, describió el producto diciendo que el usuario le explica lo que quiere hacer y el sistema lo lleva a los productos y servicios que necesita para conseguirlo. Esa no es la descripción de una herramienta de trading, es la de un canal de distribución.
El anuncio pone al frente la restricción que la industria viene repitiendo desde enero, el asistente no accede a la cuenta principal del cliente. Bybit ya había abierto en junio una subcuenta para bots, con acceso solo por API, límites de apalancamiento y de retiro. Robinhood levantó cuentas aisladas para agentes, eToro entrega una subcuenta financiada desde 200 dólares e Interactive Brokers, que es quien llegó más lejos, manda cada orden generada por el modelo a una pestaña donde un humano la aprueba antes de que salga al mercado.
Todo ese trabajo protege el dinero, nada de eso protege la recomendación, que es la función declarada de este copiloto de IA. Sugerirle un instrumento concreto a un cliente concreto es un acto regulado en cualquier mercado con supervisión seria, con requisitos de idoneidad, divulgación de riesgos y alguien que responde por él. Cuando el instrumento sugerido es un perpetuo, un CFD apalancado o un producto estructurado, la diferencia entre atención al cliente y asesoría deja de ser semántica.
Este sector siempre aseguró la cañería y nunca el discurso. Durante dos décadas gastó su presupuesto de compliance en segregación de fondos, KYC y reportes de transacciones, mientras la conversación entre el cliente y quien le vende el producto quedaba íntegramente en manos del área comercial. La IA conversacional entra justo por ahí, que es la única puerta que nadie blindó.
Hay un segundo dato que a nadie le conviene mirar de cerca. Un estudio de FM Intelligence contó al menos diez brokers y proveedores de plataforma que llevaron agentes de IA a cuentas reales durante el primer semestre, casi todos sobre el mismo riel, el Model Context Protocol que Anthropic publicó a fines de 2024, con Claude corriendo por debajo en nueve de los diez casos. Diez firmas, un solo proveedor de modelo. Si ese modelo cambia de comportamiento en una actualización, cambia en las diez el mismo día.
Brasil es el único mercado de la región donde esta discusión ya tiene texto. La Resolución CVM 19 establece que usar sistemas automatizados o algoritmos no mitiga la responsabilidad del consultor sobre las orientaciones y recomendaciones que entrega, y exige además que el código fuente de ese sistema esté disponible para inspección de la CVM en la sede de la empresa, en versión no compilada.
La norma alcanza a los consultores de valores mobiliarios, no a un exchange de criptomonedas, así que Bybit queda fuera de su alcance. El requisito igual marca el terreno para cualquier figura regulada de la región que esté evaluando poner un copiloto de IA frente a sus clientes, porque nadie entrega el código no compilado de un modelo de terceros. Se escribió en 2021 pensando en robo advisors, no en modelos de lenguaje, aunque la pregunta que plantea sigue siendo la misma, quién firma una recomendación automatizada.
Mientras tanto la CVM anunció que pondrá a funcionar en dos o tres meses su propia supervisión de mercado con inteligencia artificial, según declaró su presidente, Otto Eduardo Lobo. El regulador brasileño va a estar leyendo el mercado con IA antes de escribir la primera línea de regulación de IA en brokers.
Para quien opera un broker en América Latina el problema no aparece el día del lanzamiento. Aparece la primera vez que un cliente reclame una pérdida diciendo que el asistente se lo recomendó, con la transcripción completa de la conversación guardada en el teléfono. Ahí se va a discutir si eso era atención al cliente o era asesoría, y cuál de los dos lados conserva el registro más completo de lo que se dijo.