
BlackBull Markets cerró su año fiscal 2026 con ingresos de NZD 41,2 millones, unos USD 24 millones, en su entidad neozelandesa. El aumento es del 30% frente a los NZD 31,7 millones del ejercicio anterior. La ganancia neta, en cambio, retrocedió a NZD 1,7 millones desde NZD 2,0 millones, un detalle que pesa más de lo habitual porque la compañía prepara una salida a bolsa simultánea en Australia y Nueva Zelanda.
Los activos de clientes fueron el dato más contundente del ejercicio, con NZD 99,0 millones al 31 de marzo de 2026 frente a NZD 53,4 millones un año antes, un salto del 85%. El capital de clientes casi se duplicó mientras el resultado neto se contraía, lo que ubica la presión del lado de los costos, no del lado de la demanda.
El margen neto de la filial quedó en 4,1%. Para un broker CFD que creció 30% en ingresos, ese número obliga a preguntar qué se está pagando y a quién, aunque un estado de resultados resumido no permite separar la captación de clientes, la inversión en tecnología y la expansión de equipos. A eso se suma que un año de preparación para cotizar trae costos de asesoría que rara vez aparecen etiquetados como tales.
Conviene precisar algo que las cifras por sí solas no aclaran. Black Bull Group Limited es la entidad neozelandesa, licenciada por la Financial Markets Authority como emisor de derivados desde agosto de 2020, la misma que presenta sus resultados financieros al registro de compañías. No es la que atiende a la mayoría de los clientes del grupo. Esa función recae en BBG Limited, constituida en Seychelles y autorizada por la Financial Services Authority de ese país bajo la licencia SD045.
La distancia entre esa filial y el grupo es considerable. En el sondeo con fondos institucionales de marzo, la compañía presentó ingresos consolidados cercanos a NZD 108 millones y un volumen mensual de operaciones de aproximadamente USD 200.000 millones, según lo reportado entonces por la prensa financiera australiana. Contra esa referencia, los NZD 41,2 millones verificables en el registro neozelandés equivalen a menos del 40% del negocio. El resto ocurre en una jurisdicción que no publica nada.
Vale una precaución sobre el dato principal. Esos NZD 41,2 millones se contabilizan en una entidad cuya oferta, según su propia documentación legal, no está dirigida a no residentes en Nueva Zelanda, un mercado de cinco millones de habitantes. Eso abre la posibilidad de que una porción del ingreso provenga de servicios prestados dentro del grupo antes que de comisiones de clientes locales. El estado de resultados resumido no permite confirmarlo ni descartarlo.
Para América Latina la diferencia entre una entidad y otra no es un tecnicismo. BlackBull Markets atiende la región con soporte telefónico en español desde números mexicanos y con material comercial adaptado a Brasil. Los clientes de esos mercados contratan con la entidad offshore de Seychelles. Un IB en Bogotá que muestre la licencia FMA para dar tranquilidad a su base está exhibiendo el balance de una compañía con la que sus referidos no firman nada.
La estructura es legal, está declarada en la documentación pública del broker y resulta tan común en el sector que casi nadie la menciona en voz alta. También explica por qué las únicas cifras auditables de BlackBull Markets son justamente las que menos describen su operación regional.
La industria CFD lleva más de una década funcionando así, sin que nadie le exija consolidar. Un mercado público cambia esa aritmética, porque no acepta que una parte del negocio rinda cuentas mientras la otra se describe en diapositivas. Si la salida a bolsa avanza, el prospecto tendrá que mostrar el grupo entero, con la filial de Seychelles adentro.
Ahí aparece la parte incómoda. Los NZD 41,2 millones del registro corresponden al segmento que ya opera bajo un regulador tier-1, con todos los costos que eso implica, un segmento que deja 4,1% de margen neto. Nadie ha mostrado todavía qué deja el resto del grupo cuando se le aplica la misma exigencia.