
INFINOX y Admirals están en conversaciones avanzadas para una compra. Lo confirmó un vocero de INFINOX, que habló de "conversaciones en curso sobre una posible adquisición de Admirals" sin precisar si se trata de una participación parcial o del control total. La operación todavía no tiene contrato firmado ni aprobación regulatoria, las dos condiciones que definen si un anuncio de este tipo termina en transacción o se desvanece.
Admirals cerró 2025 con un ingreso neto por trading de EUR 17,4 millones, frente a EUR 38,4 millones el año anterior. Una caída del 55% en doce meses. La pérdida neta fue de EUR 18,5 millones. El número de clientes activos quedó en 29.455, una fracción de los casi 90.000 que el grupo reportó en 2023.
Esa contracción no salió de la nada. En 2024 Admirals suspendió de forma voluntaria el onboarding de nuevos clientes europeos para su entidad chipriota, en línea con observaciones del regulador CySEC, y recién retomó la captación en marzo de 2025. Un broker que deja de incorporar clientes durante casi un año paga ese costo con retraso, y el informe anual lo dice con todas las letras.
El movimiento encaja en un repliegue más amplio. Admirals vendió su unidad australiana a PU Prime, se desprendió de sus negocios en Sudáfrica, Indonesia e Irlanda, cerró su entidad en Canadá y devolvió su licencia en Emiratos. En abril de 2026 el regulador estonio revocó la licencia de Admiral Markets AS a pedido de la propia empresa, y los clientes pasaron a atenderse desde Chipre. Un grupo que entrega licencias en lugar de pedirlas está reordenando su perímetro, no expandiéndolo.
Del otro lado, INFINOX viene comprando. El grupo de inversores liderado por Marc Joppeck, que controla la marca, ya cerró la adquisición de Skilling, el broker de enfoque nórdico, y según reportes del sector también avanzó sobre Exclusive Markets. Conviene precisar algo que las notas suelen mezclar. Quien adquiere no es INFINOX la marca de broker, sino el grupo de capital detrás de ella, que arma un portafolio multimarca. La distinción importa para entender qué se compra realmente, que es licencias, base de clientes y tecnología, no una fusión de identidades.
El precio de un broker en esta situación no se mide por su facturación actual, sino por lo que se puede recuperar de su estructura. Admirals tiene ocho entidades licenciadas, una base de clientes activa aunque reducida y una marca con reconocimiento en varios mercados. Para un grupo que compra licencias y tecnología, eso vale más que el resultado del último ejercicio. La pregunta operativa es cuánto de esa estructura sigue siendo útil después de tantos cierres y devoluciones de licencia, y cuánto es peso muerto que el comprador tendrá que limpiar.
La industria lleva años consolidándose, y cada operación de este tipo confirma lo mismo. El costo de cumplimiento regulatorio subió a un punto donde el operador mediano que no tiene escala empieza a costar más de lo que rinde. Admirals fue durante mucho tiempo uno de los nombres establecidos del sector, premiado, con bonos cotizando en Nasdaq Tallin. Verlo del lado del vendedor dice algo sobre dónde está el piso de viabilidad en este negocio. Si un broker con esa trayectoria termina buscando comprador, vale preguntarse cuántos de los que hoy operan con márgenes ajustados están a una mala racha regulatoria de hacer la misma llamada.