
Robinhood cerró el segundo trimestre de 2026 con 156 millones de dólares en ingresos por contratos de eventos, más de diez veces la cifra del mismo período del año anterior. El producto terminó por encima de acciones y de criptomonedas dentro del negocio transaccional de la compañía. Solo las opciones, con 342 millones, generaron más en el trimestre.
Los ingresos netos totales llegaron a 1.310 millones de dólares, un 32% más que un año atrás, mientras que la línea transaccional creció 44% hasta 776 millones. Acciones aportó 129 millones tras un salto de 95%. Las criptomonedas quedaron en 100 millones después de caer 38%, la única categoría relevante que retrocedió.
Robinhood reportó 13.600 millones de contratos negociados en su Prediction Markets Hub durante el trimestre, también más de diez veces el nivel del año anterior. Dividir los ingresos del período entre ese volumen deja algo cercano a un centavo de dólar por contrato, que es el margen unitario de un negocio que ya factura más que toda la operación de criptomonedas de la firma.
De esos 156 millones, 17 salieron de Rothera, el mercado y cámara de compensación con licencia de la CFTC que empezó a operar en junio bajo el joint venture con Susquehanna International Group. Con ese arranque Robinhood pasó a cobrar en dos puntos de la cadena, en la distribución al cliente final y en la infraestructura donde se ejecuta y se liquida la operación. La propia compañía aclara en su documentación a inversionistas que no es dueña total de Rothera ni controla su operación, una precisión que conviene leer junto con los 17 millones.
Rothera acumula más de 3.500 millones de contratos negociados desde su lanzamiento, cifra que no se suma a los 13.600 millones del hub porque cada plataforma cuenta distinto. Rothera registra cada par de contratos Sí y No emparejados como uno solo, mientras que el hub contabiliza cada contrato comprado o vendido. Ese tipo de detalle metodológico es lo que la industria de CFDs suele descubrir tarde, después de meses comparando volúmenes ajenos con los propios sin revisar cómo se construyó la cifra. El sector tardó años en incorporar cripto y todavía debate si los mercados de predicción son una categoría o una moda pasajera, mientras una línea que hace un año era marginal en este mismo reporte ya supera a dos verticales completas.
Brasil llegó a la conclusión opuesta tres meses antes. El Conselho Monetário Nacional aprobó el 24 de abril la Resolución 5.298, vigente desde el 4 de mayo, que prohíbe ofrecer y negociar derivados vinculados a eventos deportivos, políticos, electorales, sociales, culturales o de entretenimiento sin referencia económico-financiera reconocida. La Secretaría de Premios y Apuestas solicitó a Anatel el bloqueo de 27 plataformas, entre ellas Kalshi y Polymarket.
Una semana antes de que esa prohibición entrara en vigor, B3 abrió la negociación de seis contratos de eventos referenciados en el Ibovespa, el dólar y bitcoin, autorizados por la CVM únicamente para inversionistas profesionales, es decir, quienes acreditan más de 10 millones de reales en activos financieros o certificación técnica del regulador. El mismo instrumento, con liquidación financiera y garantía de contraparte, quedó dentro del perímetro regulado y fuera del alcance del cliente minorista.
Para un broker de la región la lectura práctica es incómoda. La demanda regional existe y está documentada en el propio expediente regulatorio brasileño, donde el monitoreo de tráfico citado durante el debate ubicó a Brasil como la principal fuente latinoamericana de accesos a Kalshi y Polymarket. El acceso legal, en cambio, quedó reservado a un perfil de cliente que ningún broker minorista tiene en volumen.
Robinhood puede monetizar a un centavo por contrato porque cuenta con 28,4 millones de clientes con fondos y 369.000 millones de dólares en activos de plataforma. La versión de contratos de eventos que Brasil autorizó exige diez millones de reales para participar. Ninguna de las dos cifras responde qué ocurre con los traders latinoamericanos que ya operan estos mercados afuera, sin esperar autorización de nadie.