
Revolut empezó a probar este jueves en Londres un sistema de pago con reconocimiento facial que permite a sus clientes pagar un café mirando la cámara de la caja, sin tarjeta ni teléfono. La prueba, llamada Revolut Pay with Smile, corre del 24 al 26 de septiembre en tres cafeterías de la cadena Kiss the Hippo en Bloomsbury, Chelsea y Soho, sobre Revolut Register, la terminal de punto de venta que la compañía diseñó para restaurantes y cafeterías.
Los comercios no pagan comisión de procesamiento en las transacciones hechas con la cara, una exención que Revolut presentó como apoyo a los locales independientes. La terminal se venderá más adelante a otros negocios a 699 libras más IVA, con un descuento del 50% en la primera unidad, lo que deja el costo de entrada en 349,50 libras. Kiss the Hippo planea extender el sistema a sus 12 locales antes de fin de año.
Para usar el servicio, el cliente tiene que activarlo en la app, donde viene desactivado por defecto, además de confirmar de nuevo su consentimiento en la caja. En el momento del pago la terminal captura una foto del rostro y la compara con la selfie que el usuario entregó al abrir su cuenta, es decir con el mismo registro que Revolut recolectó durante la verificación de identidad exigida por la regulación.
Casi toda la industria financiera trata esa selfie como un costo regulatorio que se paga una vez durante el onboarding y queda archivado hasta la próxima auditoría. Revolut encontró la manera de reutilizarla como credencial de pago, con lo que un dato que el resto del sector registra como gasto de compliance pasa a tener un uso comercial cotidiano en el mostrador de una cafetería.
El aviso de privacidad del servicio, fechado el 15 de junio y emitido por Revolut Bank UK, detalla cómo se maneja la imagen. La foto tomada en caja se convierte en códigos digitales cifrados de un solo uso para autenticar al cliente, mientras una copia de la imagen original se guarda en los sistemas internos de Revolut en la nube como respaldo para investigar fraudes y disputas de pago.
Detrás de la prueba hay una empresa con más de 80 millones de clientes en 40 mercados y licencia bancaria completa en 33 países, que desde hace tiempo compite en bastante más que cuentas y tarjetas. La misma app ofrece trading de acciones y cripto, aunque Revolut no ha dicho si la verificación facial va a llegar a otros productos, incluida la inversión.
Los pagos biométricos en caja tienen antecedentes en la región, empezando por el Programa de Pago Biométrico que Mastercard lanzó en Brasil en 2022 con un piloto de reconocimiento facial en supermercados de São Paulo. En junio de 2024 la compañía lo llevó a la Red Expres de Tienda Inglesa en Uruguay, donde el comprador registra la palma de la mano, sus datos y su tarjeta directamente en la tienda. En ese modelo el enrolamiento ocurre en el punto de venta, mientras que en el de Revolut ya estaba resuelto desde el día en que el cliente abrió su cuenta.
En México, Revolut opera como banco con licencia propia desde el 27 de enero de 2026, superó el millón de clientes en menos de ocho meses y lleva invertidos 167 millones de dólares en el país, que la compañía usa como modelo para lanzar bancos desde cero fuera de Europa. Pay with Smile no está disponible en México ni hay planes anunciados para llevarlo, aunque el sistema depende de un insumo que Revolut acumula en cada mercado donde abre cuentas, que es la identidad verificada de sus clientes.
Para un broker de la región la verificación de identidad sigue siendo uno de los tramos más costosos del embudo de adquisición, con proveedores externos cobrando por cada validación y un porcentaje de registros que se pierde entre la foto del documento y la selfie. Revolut está mostrando que ese mismo registro, una vez aprobado, puede seguir trabajando para la empresa en cada interacción posterior con el cliente.
La pantalla de inversión es la parte de la app donde la fricción se diseñó a propósito, con avisos de riesgo y confirmaciones antes de cada orden. Si el reconocimiento facial llega algún día a esa pantalla, una orden de compra quedaría autorizada con el mismo gesto que paga un café, sin que nadie en la industria haya definido todavía cuánta fricción le corresponde a cada una de esas dos decisiones.