
La valoración de Kalshi va de USD 22.800 millones en el escenario más conservador a USD 42.100 millones en el más optimista, con un caso base de USD 30.400 millones, según un informe de 46 páginas que PitchBook publicó esta semana con la firma del analista Franco Granda. El cálculo parte de las ganancias ajustadas proyectadas para 2028. La última ronda de Kalshi, una Serie F de USD 1.000 millones cerrada en mayo, la valoró en USD 22.000 millones, así que hasta el escenario pesimista del informe queda por encima de lo que pagaron los inversionistas hace cuatro meses.
Kalshi es un mercado de contratos designado ante la CFTC, una bolsa regulada a nivel federal. Lo que lista son contratos de eventos, instrumentos que pagan un dólar si ocurre un hecho verificable y cero si no ocurre, sea una elección o un partido. A diferencia de una casa de apuestas con licencia estatal, la empresa sostiene que responde solo ante el regulador federal, lo que le permite aceptar clientes desde los 18 años, frente a los 21 que exigen las casas de apuestas deportivas, sin pagar impuestos estatales al juego.
Sobre esa diferencia descansa buena parte de la valoración de Kalshi, porque los contratos deportivos explican el 69,9% de las comisiones por eventos en lo que va del año, porcentaje que sube a 82,4% al sumar los exóticos, que en la jerga del sector son los parlays y otras combinaciones de varios partidos. PitchBook proyecta ingresos totales de USD 6.400 millones en 2030, con una ganancia ajustada de USD 3.700 millones.
Dos cortes federales de apelación ya llegaron a conclusiones opuestas sobre esos contratos. El Tercer Circuito falló en abril a favor de Kalshi frente a Nueva Jersey, mientras el Noveno Circuito le dio la razón a Nevada el 28 de agosto al considerar esos contratos apuestas y no swaps. Nueva Jersey le pidió el 2 de septiembre a la Corte Suprema que revise el caso. Kalshi tiene hasta el 8 de octubre para responder, mientras la Corte todavía no decide si lo va a tomar.
Granda midió el golpe de un fallo adverso con un ejercicio ilustrativo, un recorte de 25% en las comisiones brutas de deportes y exóticos, que restaría USD 642 millones a su proyección de 2026 y USD 1.400 millones a la de 2030. Su lectura es que el daño sería serio aunque no existencial, porque Kalshi podría adaptarse pasando a un modelo de licencias estatales. Expertos legales consultados por Fortune dudan de esa salida, que además le quitaría las dos ventajas que hoy la separan de una casa de apuestas, la edad mínima y el tratamiento fiscal.
Fuera del deporte, PitchBook ve en los futuros perpetuos la línea más prometedora, con ingresos netos por transacciones estimados en USD 50,7 millones para 2026 y USD 275,7 millones para 2030, cifras sanas aunque insuficientes para compensar el deporte. Kalshi también le pidió a la CFTC operar con margen basado en riesgo para clientes institucionales, en una propuesta que deja fuera justamente los contratos deportivos.
El negocio de perpetuos tampoco está libre de litigio, porque CME Group demandó a la CFTC en junio por haber aprobado el perpetuo sobre bitcoin de Kalshi como contrato de futuros, con el argumento de que un contrato sin vencimiento es un swap. La CFTC pidió a comienzos de septiembre que el juez desestime la demanda.
Brasil ya aplicó una versión mucho más severa del escenario que modela PitchBook. La Resolución 5.298 del Consejo Monetario Nacional, vigente desde mayo, prohíbe los derivados sobre eventos deportivos, políticos y culturales, y solo permite los atados a variables económicas. Kalshi opera en el país a través de XP, donde los clientes de Clear con cuenta internacional acceden desde marzo a contratos sobre inflación y tasas brasileñas, mientras la B3 lista desde abril contratos de eventos propios sobre el Ibovespa, el dólar y el bitcoin. En el mercado más grande de la región el recorte sobre deportes se aplicó completo, de modo que lo que quedó en pie es el tipo de contrato que en Estados Unidos genera menos de una quinta parte de las comisiones por eventos de Kalshi.
En entrevista con Fortune, Granda describió la industria como un duopolio entre Kalshi y Polymarket, donde terceros van a recoger migas aquí y allá porque la ventana para entrar ya pasó. Para un broker que evalúa sumar contratos de eventos, esa lectura mueve el cálculo hacia distribuir el producto de otro, como ya hacen Robinhood o XP, en lugar de construir un mercado propio. Queda una variable que ningún modelo puede fijar, porque la valoración de Kalshi descansa sobre un catálogo que nueve jueces todavía no decidieron si van a revisar. Quien firme hoy como distribuidor hereda ese riesgo sin haber participado en la ronda.