
A principios de 2026, el consenso institucional sobre el petróleo era claro: sobreoferta estructural, inventarios en alza, precio objetivo de WTI en torno a US$57-65 por barril para todo el año. Goldman Sachs, JPMorgan y la Agencia de Información de Energía de EE.UU. (EIA) estaban alineados. Luego comenzó el conflicto entre EE.UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026, y en menos de dos semanas el WTI tocó $119.48, su nivel más alto desde mediados de 2022. Todo lo que los analistas sabían sobre el mercado energético ese año tuvo que ser revisado desde cero.
El factor determinante no es el conflicto militar en sí, sino su impacto sobre el Estrecho de Ormuz, el canal marítimo de 34 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, por donde transita aproximadamente el 20% del suministro global de petróleo y volúmenes significativos de gas natural licuado. Irán, a través de su Guardia Revolucionaria (CGRI), declaró que ningún buque vinculado a EE.UU., Israel o sus aliados tendría paso garantizado. El tráfico de petroleros, que funciona en torno a los 20 millones de barriles diarios en condiciones normales, cayó a prácticamente cero en los primeros días. Más de 150 buques se quedaron anclados fuera del estrecho esperando señales de seguridad.
Cuál es el rango de escenarios
Los pronósticos institucionales divergen según la duración del cierre, que es ahora la variable más relevante del mercado:
En el escenario base de Goldman Sachs, que asume una recuperación parcial del flujo a partir del 21 de marzo y una normalización gradual hasta principios de junio, el Brent promedía entre $98 y $110 en marzo y abril antes de moderarse hasta $71 en el cuarto trimestre. El WTI sigue un camino similar, con Q4 en torno a $67. Goldman elevó sus proyecciones del Q4 desde $66/62 hasta $71/67 el 12 de marzo.
En el escenario de riesgo al alza, si el bloqueo se extiende un mes completo, Goldman advierte que los precios spot podrían superar el récord histórico de $147 de 2008 si los flujos se mantienen deprimidos durante todo marzo. JPMorgan calculó que si los países del Golfo se ven obligados a detener producción, porque el almacenamiento local se llena y no pueden exportar, Brent podría llegar a $120, con una pérdida potencial de hasta 6 millones de barriles diarios.
La IEA respondió coordinando la liberación histórica de 400 millones de barriles desde reservas estratégicas de países miembros, algo que solo ha ocurrido cinco veces en la historia: durante la Guerra del Golfo (1990-91), el huracán Katrina (2005), la guerra civil libia (2011) y dos veces tras la invasión de Ucrania en 2022. EE.UU. autorizó por su parte la liberación de 172 millones de barriles desde su Reserva Estratégica de Petróleo, que actualmente se encuentra cerca de sus niveles mínimos en décadas, con alrededor de 415 millones de barriles disponibles.
El mecanismo de transmisión hacia América Latina
Para traders e inversores latinoamericanos, los canales de impacto son múltiples. Los países importadores netos, la mayoría de Centroamérica y el Caribe, Chile, Uruguay, enfrentan un incremento inmediato en costos de energía que presiona a la inflación y al tipo de cambio. Los países exportadores, Colombia, México, Ecuador, Brasil, reciben un ingreso extraordinario por exportaciones, pero también enfrentan preguntas sobre capacidad de producción y logística en un mercado con fletes marítimos que se duplicaron en cuestión de días.
En términos de activos financieros, el movimiento del WTI en las últimas dos semanas (+51% en un mes) generó una de las volatilidades intradía más altas registradas fuera de la invasión de Ucrania en 2022. La estructura del mercado de futuros, los contratos que fijan el precio del petróleo para entregas en fechas distintas, cuenta una historia reveladora. Normalmente, el petróleo para entrega futura cuesta más que el inmediato, porque incluye costos de almacenamiento. Hoy ocurre lo contrario: el barril para entregar ahora cuesta mucho más que el de dentro de seis meses. Esa inversión, cuando es tan pronunciada como la actual, señala escasez física percibida en el corto plazo, no una convicción de que los precios altos llegaron para quedarse.
La curva de futuros habla con claridad: mientras WTI cotiza cerca de $95 para entrega en abril, los contratos de octubre de 2026 operan alrededor de $79. El mercado no está apostando a que $100 sea el nuevo normal. Está apostando a que la disrupción es transitoria, pero sin saber cuánto durará.
Ese es exactamente el tipo de entorno que favorece a los operadores con disciplina de riesgo y perjudica a quienes toman posiciones direccionales sin gestión de volatilidad. El petróleo no se mueve ahora en base a fundamentos de oferta y demanda de largo plazo. Se mueve en base a titulares, y los titulares están llegando cada hora.