
Los mercados globales arrancaron este miércoles con un tono marcadamente diferente al de las últimas semanas. El catalizador fue geopolítico: reportes que señalan que la administración Trump presentó a Irán un plan de 15 puntos para dar inicio a negociaciones de paz, incluyendo la posibilidad de un cese al fuego de un mes mientras se discuten los términos del acuerdo. Esa sola señal fue suficiente para mover simultáneamente el petróleo, el oro, los bonos del Tesoro y los índices bursátiles en distintas direcciones.
El oro extendió su recuperación por segunda sesión consecutiva, acercándose a los $4.600 por onza después de haber tocado un mínimo cercano a los $4.100 a comienzos de semana. El metal venía de una caída superior al 20% en lo que va del mes, borrando gran parte de las ganancias acumuladas durante el primer trimestre del año.
Paradójicamente, la recuperación del oro en este contexto no responde a una mayor demanda de activos refugio, sino precisamente a lo opuesto. Cuando los mercados perciben que la tensión geopolítica puede ceder, el dólar pierde parte de su atractivo como refugio. Eso libera presión sobre los activos en dólares y genera espacio para que el oro recupere terreno, especialmente si al mismo tiempo las expectativas de tasas de interés se moderan. La baja en los rendimientos de los bonos del Tesoro registrada durante la jornada reforzó esa dinámica.
El petróleo contó la historia opuesta. El Brent cayó hasta un 7%, tocando niveles cercanos a los $97 por barril en algunos momentos de la sesión asiática, mientras que el crudo WTI de referencia estadounidense retrocedió alrededor de 4% hacia los $88. La lógica es directa: si hay un cese al fuego y el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo clave para el transporte de crudo y gas licuado del Golfo Pérsico, vuelve a operar con normalidad, la prima de riesgo que los mercados habían incorporado al precio del petróleo desde el inicio del conflicto empieza a deshacerse.
Los mercados accionarios también respondieron. Los futuros del S&P 500 avanzaron alrededor de 0,7%, con las bolsas asiáticas mostrando ganancias más pronunciadas: la japonesa subió un 3% y las australiana y surcoreana recuperaron cerca de un 2%.
Sin embargo, la cautela predomina. Las declaraciones públicas desde Teherán contradicen el tono de los reportes diplomáticos. Un vocero militar iraní descartó que existan negociaciones reales y aseguró que Irán no aceptará ningún cese al fuego, según publicó la agencia oficial IRNA. Fuentes diplomáticas, en tanto, señalaron que las conversaciones podrían iniciarse en Islamabad la próxima semana, aunque sin ningún acuerdo formal todavía en pie.
Esa brecha entre las señales de Washington y la respuesta pública de Teherán es exactamente el tipo de ambigüedad que mantiene los mercados en modo reactivo. Sin confirmación formal, cada nuevo titular puede revertir lo que el anterior construyó.
Para los operadores de mercados financieros en América Latina, este episodio ilustra con claridad algo que conviene tener presente: en entornos de conflicto geopolítico activo, la correlación habitual entre activos puede romperse o invertirse. El oro no siempre sube cuando hay guerra; el petróleo no siempre cae cuando hay paz. Lo que mueve los precios en estas circunstancias no es el conflicto en sí, sino la lectura que el mercado hace de su evolución probable. Operar bien en ese contexto requiere menos análisis técnico y más lectura de flujos de información. Hoy, esa información apunta a alivio. Mañana podría apuntar a otra cosa.