
Jump Trading duplicó este año su equipo dedicado a mercados de predicción, que ya suma unas 20 personas, según declaró a Bloomberg Simon Johansen, responsable del área en la firma. Veinte personas no es una cifra que mueva a Jump. Lo que importa es que Jump haya decidido que este mercado justifica cambiar a quién contrata.
El contexto ayuda a dimensionarlo. Los mercados de predicción superaron los USD 50.000 millones en volumen mensual en junio, impulsados en buena parte por el Mundial que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá. La participación institucional crece al mismo ritmo, con Jump como uno de los actores que más temprano tomó posición.
Lo más revelador del anuncio es el perfil que la firma busca. Johansen dijo que están reclutando fuera de su cantera habitual de quants de élite, incluyendo traders que operan desde residencias universitarias y excontadores con afición seria por las apuestas deportivas. Para una firma construida sobre modelos cuantitativos e infraestructura de baja latencia, eso equivale a admitir que este mercado exige otro tipo de talento.
Los contratos de eventos dependen de sucesos con datos históricos limitados o directamente inexistentes. Un Mundial ocurre cada cuatro años, lo que impide entrenar modelos con la profundidad de datos disponible en acciones, futuros o FX. Johansen lo describió como un negocio menos dependiente de series históricas y más apoyado en la lectura en tiempo real de lo que ocurre en la cancha. En otras palabras, el criterio humano vuelve a cotizar en una industria que llevaba dos décadas tratando de eliminarlo.
El interés de Jump por los eventos deportivos tampoco es nuevo. Según reportó Bloomberg el año pasado, la firma operó un equipo de apuestas deportivas en Londres durante la segunda mitad de la década de 2010, que negociaba en plataformas como Betfair antes de cerrarse alrededor de 2023. Lo que cambió desde entonces es el marco regulatorio estadounidense, que convirtió lo que era apuesta en un contrato de derivados listado, con la CFTC como supervisor y con firmas institucionales dispuestas a tratarlo como cualquier otra clase de activo.
La expansión del equipo tampoco es un movimiento aislado. En febrero, Bloomberg reportó que Jump acordó recibir participaciones accionarias en Kalshi y Polymarket a cambio de actuar como market maker en ambas plataformas. La participación en Kalshi es fija, mientras que la de Polymarket crece según la capacidad de trading que la firma aporte a su operación estadounidense. Kalshi cerró en mayo una ronda que la valoró en USD 22.000 millones y ya negocia capital nuevo a una valuación cercana a los USD 40.000 millones, según el Financial Times. Polymarket, por su parte, buscaba financiamiento a USD 15.000 millones.
Jump tampoco está sola en la apuesta. DRW y Susquehanna, dos pesos pesados del trading propietario, también armaron equipos dedicados a contratos de eventos. Cuando tres de los market makers más sofisticados del mundo compiten por el mismo flujo, los spreads se comprimen mientras las oportunidades de arbitraje entre plataformas duran cada vez menos.
Para quien opera un broker, la lectura tiene dos capas. La primera es de producto, porque los contratos de eventos van camino a convertirse en una clase de activo con liquidez institucional, datos profesionales y herramientas de riesgo propias, exactamente el tipo de infraestructura que un broker necesita antes de ofrecer algo a sus clientes. La segunda es de talento, porque el perfil que Jump está contratando hoy es el mismo que los brokers van a necesitar mañana si deciden entrar. La industria CFD lleva años mirando los mercados de predicción como una curiosidad regulatoria, mientras las firmas cuantitativas ya empezaron a contratar a quien entiende el producto. Los que lleguen después van a encontrar la liquidez con dueño.