
La FCA confirmó que 21 brokers de CFD cerraron desde 2025 tras una revisión del regulador británico sobre el uso que hacían de su autorización, mientras otras tres firmas están cancelando sus permisos. Son 24 entidades con un rasgo en común, tenían poca actividad en el Reino Unido y usaban la licencia como credencial para que empresas vinculadas en otras jurisdicciones parecieran más confiables de lo que eran. El regulador no publicó los nombres.
El esquema que describe la FCA resulta familiar para cualquiera que haya trabajado en un grupo con varias entidades, una firma autorizada en Londres con poca actividad local y otras sociedades en jurisdicciones menos exigentes, que son las que abren las cuentas. El cliente ve el logo del regulador británico en la web o en la publicidad del grupo, aunque firma con otra sociedad y queda fuera de las reglas de protección al cliente minorista que ese logo sugiere, como los límites de apalancamiento o la garantía de no perder más de lo depositado.
Las medidas se ajustaron a la gravedad de cada caso e incluyeron restricciones sobre la capacidad de operar, revisiones independientes del negocio y, en los dos casos más serios, la apertura de investigaciones sancionadoras. Dominic Holland, director de supervisión del sell-side en la FCA, resumió el criterio diciendo que el consumidor tiene que saber con quién trata y qué protección tiene, por lo que el regulador intervendrá cuando una firma difumine la línea entre su actividad británica y sus negocios en el exterior.
Esta ofensiva forma parte de una secuencia que empezó en 2019, cuando la FCA restringió la venta de CFD a clientes minoristas, siguió con la carta de prioridades para el sector publicada en 2024 y tuvo su antecedente más directo en octubre de 2025. En esa advertencia el regulador señaló dos prácticas, presionar a clientes minoristas para que se declararan profesionales y redirigirlos hacia entidades asociadas en terceros países sin protecciones equivalentes.
Según sus propias cifras, las reglas de la FCA para minoristas evitan cada año que cerca de 400.000 personas arriesguen más de lo que depositaron, una protección que el regulador valora entre 267 y 451 millones de libras. Cada cliente que termina sin saberlo en una entidad del exterior queda fuera de esa protección.
Para los brokers de CFD que funcionan de esta manera, la entidad británica cumple una función más comercial que operativa, porque sostiene la credibilidad de la marca mientras el volumen y los ingresos se generan en las entidades offshore. Mantenerla tiene un costo concreto en capital regulatorio, auditoría, compliance y personal en Londres, un gasto que se justificaba mientras la licencia FCA rendía en la captación.
Con el Consumer Duty vigente, que exige comunicaciones que el cliente pueda entender, la manera en que un grupo presenta esa licencia en su publicidad pasó a formar parte de la supervisión de conducta. Para los brokers de CFD que sí hacen negocio en el Reino Unido, la depuración tiene un efecto directo sobre el valor de su propia licencia, que durante años compartió vitrina con entidades que la usaban como credencial prestada.
En América Latina el patrón pesa todavía más, porque en mercados como Colombia no existe un marco local para intermediar CFDs, de modo que el trader minorista termina abriendo cuenta con una entidad del exterior. La Superintendencia Financiera de Colombia no supervisa a esos brokers internacionales, aunque sí exige autorización para promover en el país servicios de entidades extranjeras, algo que solo puede hacerse a través de oficinas de representación o intermediarios autorizados. En la práctica, la regulación de brokers en América Latina mira la promoción más que la custodia, así que la licencia que el cliente ve en pantalla suele ser extranjera.
La propia Superintendencia documentó un caso que muestra cómo funciona esa distancia en octubre de 2025, cuando advirtió que la plataforma SmartSTP ofrecía forex y CFD en Colombia sin autorización mientras su publicidad la presentaba como regulada por la Financial Services Commission de Mauricio. El organismo recibió más de 20 comunicaciones de personas que no podían retirar su dinero y que tampoco tenían una autoridad local a la cual reclamar.
Un broker que atiende a clientes latinoamericanos desde una entidad del exterior, con una firma británica en el mismo grupo, tiene hoy un ejercicio inmediato, revisar qué dicen sus materiales en español sobre quién regula la cuenta del cliente. La FCA acaba de demostrar que lee con atención cómo se usa su licencia fuera del Reino Unido. De los reguladores de la región no se conoce una revisión parecida, así que nadie sabe todavía cuántas de las entidades que siguen mostrando ese logo en páginas dirigidas a Bogotá, Lima o Ciudad de México pasarían el mismo examen.