
La Stablecoin Conference 2026 vuelve a Ciudad de México el 15 y 16 de junio, otra vez en el World Trade Center y otra vez organizada por Bitso Business, el brazo B2B del exchange más grande de la región. La primera edición, en agosto de 2025, fue el primer evento de gran escala en América Latina dedicado por completo a stablecoins. La segunda llega con una agenda más amplia y una pregunta de fondo que ya no es si los stablecoins importan en la región, sino quién se queda con el negocio de moverlos.
Los números explican por qué el tema dejó de ser marginal. Según el reporte Crypto Landscape de Bitso, los stablecoins pasaron de representar el 30% de las compras de cripto en la región en 2023 al 39% en 2024, y al 46% en la primera mitad de 2025. En Argentina, donde la inflación y los controles cambiarios empujan a la gente hacia el dólar digital, llegaron al 85% de las compras. En México, principal mercado de Bitso, rondan el 36%. No es entusiasmo especulativo, es gente usando dólares tokenizados como reserva de valor y como vía de pago.
El programa de este año refleja ese giro hacia lo operativo. Bitso confirmó que el evento se expande con un escenario principal dedicado a discusiones regulatorias, un startup village para demos y talleres, y un área de exhibición para networking de negocios. La lista de speakers mezcla reguladores, emisores y proveedores de infraestructura, con nombres de Tether, Ripple, Fireblocks, Circle, Visa y Mastercard. La conversación, por lo que muestra la agenda, gira alrededor de pagos, regulación, transferencias globales, seguridad y la convergencia entre finanzas tradicionales y DeFi.
Conviene leer las cifras del sitio con cuidado. La conferencia anuncia más de 2,500 asistentes, 800 empresas y 50 países como expectativa para 2026. La edición de 2025 reunió alrededor de 1,800 participantes, según lo reportado por la propia organización. La diferencia entre lo proyectado y lo confirmado es la distancia habitual entre el material de marketing de un evento y su resultado, algo que cualquiera que haya organizado o patrocinado una conferencia reconoce de inmediato.
El término stablecoin describe un activo digital anclado a una moneda de referencia, casi siempre el dólar, lo que le da estabilidad de precio frente a la volatilidad típica del cripto. Esa estabilidad es justo lo que lo vuelve útil para pagos transfronterizos, remesas y nóminas globales, los casos de uso que mueven la aguja en la región. Ahí es donde Bitso Business posiciona su infraestructura, conectando rieles locales como SPEI en México y PIX en Brasil con liquidación onchain.
El evento es menos una muestra de de tecnología y más un mapa de quién va a controlar las rieles de pago de los próximos años. El interés de Visa, Mastercard y los bancos tradicionales no es casualidad. Están ahí para entender cómo los stablecoins pueden abrirles oportunidades, o para asegurarse de no quedar fuera cuando cerrar transacciones onchain se vuelva práctica común. Esa tensión, la de actores establecidos llegando a observar un terreno que no construyeron, es la historia real detrás de la lista de patrocinadores.
La adopción de stablecoins en la región ya no necesita una conferencia que la valide. Los datos la validan solos. Lo que un evento como este sí define es algo más político, quién marca las reglas, qué infraestructura se vuelve estándar y qué jugadores quedan posicionados cuando los reguladores terminen de decidir cómo tratar el dólar tokenizado. Bitso, que organiza el evento y a la vez compite en ese mercado, no es un anfitrión neutral. Vale la pena recordarlo antes de tomar la agenda como un retrato objetivo de hacia dónde va el sector.