
Alpaca registró su entidad de futuros ante la CFTC el 17 de agosto. Trece días después anunció que abre esa infraestructura a los contratos de Kalshi, lo que deja los mercados de predicción al alcance de más de 300 instituciones financieras y de unas 14 millones de cuentas de brokerage conectadas a una sola API. El anuncio resuelve un problema de distribución, no de producto.
La letra chica está en una sola frase del acuerdo. La disponibilidad depende de la aprobación regulatoria en cada mercado, así que de esos 14 millones de cuentas solo pesa la fracción que reside en jurisdicciones donde un contrato de eventos se puede ofrecer legalmente. Esa fracción es hoy bastante más chica de lo que sugiere el titular.
El mecanismo es simple. Las instituciones que ya corren sobre la infraestructura de brokerage de Alpaca podrán listar los contratos de Kalshi sin integrar un proveedor adicional ni construir conectividad propia, que es exactamente el costo que frena a un broker mediano cuando evalúa una línea de producto nueva. Tony Lee, Chief Brokerage Officer de Alpaca, lo resumió diciendo que hay que ir donde está la demanda del cliente. Max Crowley, VP de desarrollo de negocio de Kalshi, describió a la contraparte como una marca confiable, técnicamente avanzada.
Los números de las dos partes explican quién necesita qué. Alpaca levantó 135 millones de dólares en julio, más 300 millones en deuda de BMO y Payward, sobre una valuación de 1.150 millones fijada en diciembre de 2025, con 83.000 usuarios mensuales en su API. Kalshi levantó 1.000 millones en mayo a una valuación de 22.000 millones. Uno tiene la cañería instalada en 300 instituciones, el otro tiene el producto que todos quieren listar.
Un contrato de eventos es un binario que liquida en cero o en uno según ocurra un hecho verificable, registrado ante la CFTC como derivado en lugar de como apuesta. Toda la industria depende de que esa clasificación se sostenga, porque define quién puede distribuirlo, con qué licencia, bajo qué edad mínima.
La carrera por ese canal ya tiene varios corredores. Apex lanzó una API con el mismo propósito, permitir que brokers y fintechs ofrezcan contratos de Kalshi sin desarrollo propio, mientras Kalshi cerró en junio un acuerdo con Wealthsimple para entrar a Canadá. La estrategia se repite en todos los casos, montarse sobre infraestructura de brokerage existente en vez de pelear cuenta por cuenta.
Para América Latina la cañería ya está tendida. Bitso, con más de 9 millones de clientes en la región, ofrece desde febrero acceso a acciones y ETFs estadounidenses en México justamente sobre la infraestructura de Alpaca, en un continente donde apenas entre el 2% y el 3% de la población participa del mercado accionario.
Brasil publicó en abril la Resolución 5.298 del Consejo Monetario Nacional, vigente desde el 4 de mayo, que prohíbe los derivados referenciados a eventos deportivos, políticos, electorales, sociales o culturales, deja en pie solamente los atados a variables económicas verificables y derivó en el bloqueo de al menos 27 plataformas. Kalshi había entrado a ese mercado en marzo con XP y su marca Clear, un mes antes de la norma.
Colombia mantiene bloqueado a Polymarket por decisión de Coljuegos, cuyo presidente definió los mercados de predicción como apuestas disfrazadas de analítica, mientras la Lotería de la Ciudad de Buenos Aires consiguió órdenes de bloqueo en Argentina. México sigue siendo el mercado más abierto entre los grandes, aunque cualquier plataforma con dinero real necesitaría autorización.
Para quien opera un broker en la región, el cálculo es de inventario. La integración técnica se resuelve en semanas, con un costo marginal cercano a cero al listar un contrato más sobre infraestructura que ya se está pagando, así que la decisión real pasa por cuánto volumen de los mercados de predicción sobrevive al filtro regulatorio local una vez descontados deportes, política y cultura. Sin esos verticales quedan inflación, tasas y tipo de cambio, un producto respetable con un público mucho más chico.
Esta industria suele moverse cuando el marco ya está escrito, así que ver a un proveedor de infraestructura terminar el canal antes de que exista permiso para usarlo en media región no es el orden habitual de las cosas. Habrá que ver si esos 14 millones de cuentas terminan presionando a los reguladores o si son los reguladores los que definen cuántas de esas cuentas existen de verdad.